Bienvenidos a mi tapiz de historias de terror. Acá iré publicando las historias que vaya escribiendo, pero desde ya os advierto que no publicaré en un día concreto. Los cuentos los subiré apenas los haya terminado y considere que son dignos de ser leídos. Así que no os desesperéis, porque la desesperación lleva a la desesperanza y la desesperanza al abandono. Así que ya sabéis!

Bienvenido y a leer!

30 de noviembre de 2017

Historia por WhatsApp 39) Reality del miedo (II)




29 de noviembre de 2017

Historia por WhatsApp 39) Reality del miedo (I)




28 de noviembre de 2017

Durmiendo - Cuento corto

Desperté preso de un extraño temor. Un temor hondo que me caló hasta los huesos, corroyéndome el alma. Estaba rodeado de oscuridad, la oscuridad normal en mi habitación, con las luces apagadas y las ventanas cerradas a cal y canto.

Pero el miedo persistía. Traté de recordar si estaba soñando, puesto que el miedo que sentía era semejante al de cuando despiertas de una pesadilla, aunque no igual. Por más que forcé la memoria, no logré captar la reminiscencia de ningún mal sueño.

Entonces, ¿a qué se debía ese miedo?

La vista se fue acostumbrando a la oscuridad de la habitación. Vi el perfil del mueble con la televisión en el otro extremo; a la derecha estaba el escritorio con mi ordenador; y, a la izquierda, el armario ropero con la puerta del baño a un costado.

26 de noviembre de 2017

El Mago Desterrado (Capítulo 22)

Lee el capítulo anterior: CAPÍTULO 21
Orden Real
El correo había llegado por la mañana.

Era un joven sudoroso, montado sobre una yegua aún más sudorosa. El papel que le entregó a Rodny era una hoja amarilla, hecha rollito y sellada con el escudo de los Brown: un loro verde sobre cera azul.

Marian estaba presente cuando Rodny recibió al correo, e inmediatamente observó, ominosa, que ese papel le causaba un mal presentimiento. Rodny no era muy dado a ese tipo de cosas, pero por una vez, estuvo de acuerdo con su cuñada.

—Partí ayer a primera hora de Pueblo Browny —dijo el mensajero, aunque nadie se lo estaba preguntando—. Me ordenaron cabalgar día y noche, cambiando montura todas las veces que fuera necesario. Sin duda es un mensaje importante —concluyó.

—Lo mismo temo yo —susurró Marian.

Después de ofrecerle de comer al cansado mensajero, y ordenar que dieran agua y forraje a la montura, no menos cansada, Rodny y Marian abrieron el mensaje en el despacho.

A Ser Rodny Dorgan, Regente de Armizas

En nombre del Rey Nakar Doverick, ordeno a Ser Rodny Dorgan, Regente de Armizas, o quien en nombre de Lord Peter Dorgan ejerza la regencia del municipio, presentarse en Puerto Esthír con doscientos cincuenta hombres, para formar parte del ejército del Rey.

Presentarse en veinte días a partir de recibida la orden.

Lord Bride Brown
Señor de Valle Browny
Consejero Real

«Una orden Real. Doscientos cincuenta hombres. Para ir a la guerra sin lugar a dudas».

24 de noviembre de 2017

Soledad - Cuento corto

El odio es para la gran mayoría el peor sentimiento del mundo, pues destruye no sólo a la persona receptora, sino que trasciende, se exterioriza y daña a un incalculable número de individuos. La indiferencia, es para otros peor que el odio. La indiferencia ante la necesidad ajena, ante el prójimo, ante todo aquello que nos rodea. La rutina, dicen otros, pero esta la aceptamos como algo esencial en nuestro diario vivir.

Para mí, el peor sentimiento es la soledad. La soledad y la indiferencia. La soledad es mía, la indiferencia es cortesía del mundo. Pero la soledad no es sentimiento, dirán algunos, es una situación o un estado. La soledad está tan arraigada en mí que la considero un sentimiento. Es un sentimiento que detesto, que aborrezco con todas mis fuerzas, y ella sólo se aferra más a mí.

Mi nombre es Josué, y estoy solo. Perdí la movilidad de mis piernas algunos años atrás, en un trágico accidente. Mientras todavía tenía dinero del seguro no estuve tan solo, la soledad vino cuando se me acabó. Se alejaron mis amigos, uno de ellos se llevó a mi novia, y el único hermano que tengo, está tan ocupado dirigiendo su empresa que tampoco se acuerda de mí. Creo que le repugno.

Ahora vivo en una casita sucia y de una sola planta en los barrios bajos de la ciudad y vivo del mezquino subsidio del gobierno, que apenas alcanza para sobrevivir. Hace ya tres años que vivo aquí, y he estado solo cada maldito segundo, una soledad abrumadora, que sobrecoge el alma y me encoge el corazón en un puño. ¿Quieren saber que es el sufrimiento?, pues experimenten la soledad en su más puro estado.

21 de noviembre de 2017

El jabalí - Cuento corto

Lo atraparon no muy lejos de la cañada, cuando empezaban a pensar que era hora de regresar a casa, sin ningún trofeo para sus vitrinas.

Era el cuarto día de cacería. Ninguno de los tres compañeros había tenido suerte. A no ser por una liebre, que había capturado Ricardo el día anterior. José había llevado dos perros, Esteban otros dos y Ricardo uno. El segundo día desapareció uno de los perros; bueno, no precisamente: encontraron su cabeza colgada en un arbusto.

EL tercer día desaparecieron otros dos. Ese cuarto día, ante la ausencia de los otros dos perros, el miedo que les atenazaba los corazones les hizo desistir y se prepararon para regresar a casa. Entonces un ladrido, el típico ladrido del can que ha avistado a su presa, y sus corazones se llenaron de euforia.

Esteban fue el primero en reaccionar, principalmente porque era el único que todavía tenía la escopeta al hombro. Cuando José y Ricardo salieron de la tienda, prestas las armas, de su compañero ya no había ni rastro. Afortunadamente, el perro siguió ladrando, de manera que no fue difícil ubicarse.

18 de noviembre de 2017

El Mago Desterrado (Capítulo 21)

Lee el capítulo anterior: CAPÍTULO 20
La Compañía Antigua
Si Maxwell hubiese esperado un largo período de vacaciones, se habría llevado una gran decepción. Menos mal que ese no era su caso. Él era de esos que piensan que cualquier día de descanso es un día perdido. Así que cuando lord Darfor lo visitó en sus habitaciones, el quinto día desde su llegada a Robast, para comunicarle que debían ponerse a trabajar, no se sintió defraudado, sino todo lo contrario.

De manera que los días de descaso fueron tan sólo cuatro, durante los cuales comieron a placer, bebieron vino y cerveza, visitaron el teatro, fueron a la arena de gladiadores, a las carreras de caballos e incluso se permitieron visitar una casa de placer. Al parecer, para lord Darfor ya había sido suficiente. Para ser Maxwell también.

Durante la siguiente semana hicieron trato con el Gremio de la Moneda, que por una nada pequeña comisión, se puso a la tarea de derretir el oro del tesoro pirata y a acuñarlo con la forma y peso de mileniums; que en la parte de enfrente llevaba la efigie del rostro del Rey Darfor y en el envés, un águila, emblema de los Doverick, reyes de Afiran. También se entrevistaron con los representantes del Gremio de los Joyeros (de los cuales los más poderosos también pertenecían al Gremio de la Moneda y a muchos otros), con los que tras varias horas de tira y afloja llegaron a un acuerdo para la venta de la mayoría de la pedrería preciosa, que obviamente no se podía acuñar. Antes de empezar a contratar mercenarios y barcos, lord Darfor quería tener todo el tesoro en moneda corriente.

Pero no se dedicaron solo a acuñar oro y a vender joyas. No. Lord Darfor también escribió decenas de cartas y las envió a igual cantidad de destinarios y a media docena de reinos. Algunas iban destinadas a los gremios de otros países, a ricos mercaderes privados, a compañías de mercenarios y a nobles que en algún momento del pasado habían dejado entrever que le ayudarían a recuperar lo que era suyo mediante acuerdo de mutuo beneficio.

Durante el mes que siguió lograron reunirse con mercaderes propietarios de grandes flotas, con capitanes de compañías de mercenarios de poco renombre o totalmente nuevas e incluso tuvieron una audiencia con el mismísimo rey de Robast. También empezaron a llegar respuestas a las cartas y varias de ellas traían respuestas positivas, otras que estaban dispuestos a negociar. Muchas no fueron respondidas y otras tantas llevaban respuestas con notas de claro desdén. Por supuesto, raro habría sido que todos se hubiesen mostrado dispuestos a colaborar. Así que ni lord Darfor, ni ser Maxwell se mostraron demasiado descontentos con las respuestas.

17 de noviembre de 2017

La fruta - Cuento corto

Cayó del cielo a eso de las cuatro de la tarde. Yo estaba asomado a la ventana desde mi habitación en el segundo piso, mirando a mi hermanito y a su perro, Goby, corretear por todo el patio, riendo como sólo un chiquillo puede hacerlo.

De repente cayó esa cosa que parecía una fruta, no con fuerza, sino débil, como si alguien la hubiera lanzado, pero por lo que me percaté, nadie la lanzó, pues cayó directamente del cielo. Parecía una fresa, creo que era una fresa, con el cuerpo punteado y varias hojas verdes en el tronco. Sólo que era cien veces más grande que una fresa común, mil veces. Debía medir medio metro de largo y treinta centímetros de grosor máximo.

Mi hermano y el perro se sorprendieron, el uno con los ojos abiertos y el otro empezando a gruñir y mostrando los dientes. ¿Qué demonios era esa cosa? ¿Dónde se ha visto una fresa de ese tamaño? Sus hojas verdes se agitaron y juraría que algunas de las semillas pegadas a su corteza exterior giraron sobre su eje. «¡Mierda!», pensé. Esa cosa no era algo normal, puede que ni siquiera de este mundo.

10 de noviembre de 2017

La pelota - Cuento corto

La niña jugaba con una pelota de baloncesto color marrón. La botaba tres veces y luego lanzaba al cesto, a más de dos metros de altura. Encestaba una de cada tres. El niño la observó largos minutos, tratando de olvidar la horrenda muerte de su padre acaecida hacía tan sólo tres días, cuando la policía encontró el cuerpo decapitado a las orillas de un desagüe. Madre había intentado ocultar el macabro detalle, pero la gente hablaba.

La niña siguió jugando. Miraba de vez en cuando al niño a través de la malla metálica cubierta de enredaderas, a causa de estas apenas lo entreveía, pero sabía que la observaba. No le incomodaba, es más, se sentía bien. Madre no la dejaba salir nunca de casa, ni jugar con otros niños.

El niño se acercó a la malla. Pensó que jugar por primera vez desde la muerte de padre podría distraerle y aportarle algo de bienestar.

¿Puedo jugar? preguntó.

No respondió la niña, tras sopesarlo un rato.

Anda, déjame jugar. Será más divertido entre los dos insistió el niño.

7 de noviembre de 2017

Oscuridad - Cuento corto

El despertador sonó a la hora de costumbre: las cinco de la mañana. O al menos fue lo que Fred creyó. Alargó la mano para acallar ese ruido estridente y abrió los ojos; lo único que veía era negrura, o, mejor dicho, lo que no veía. Se frotó los ojos con energía, incapaz de entender lo que ocurría. Todavía estaba adormitado, así que aún no sintió miedo.

Tras frotarse los ojos, descubrió que nada había cambiado. Miró a la ventana para descubrir el aura amarillenta del amanecer, pero seguía sin ver nada. Miró hacia la puerta, a la cama, sus manos… Pronto se encontró totalmente despierto, y el miedo empezó a adherirse y solidificarse como una fea capa de grasa. ¡Estaba ciego!

«¡No, no! se dijo. No, no es cierto. No es cierto». Pensó en posibles explicaciones. ¿Un eclipse, alguien tapió por completo la habitación, algo pasajero, todavía soñaba? Pero nada tenía lógica. Nadie se queda ciego de la noche a la mañana, ¿verdad? ¿O sí? ¿Qué sabía el de enfermedades? Lo suyo eran las coles, las lechugas y los repollos. Era un granjero muy cotizado en la región. ¿Pero de enfermedades?, un hombre de treinta años no se preocupa por pequeñeces. En todo caso, ¿es la ceguera una enfermedad?

4 de noviembre de 2017

El Mago Desterrado (Capítulo 20)

Lee el capítulo anterior: CAPÍTULO 20
El plan de Madiel
La oscuridad era total. Un inconveniente con el que ser Madiel no esperaba contar. El inmenso manto negro que constituía el cielo, era adornado apenas por un centenar de débiles y titilantes estrellas, que no suponían ninguna amenaza para la densa oscuridad.

Habían iniciado la marcha poco antes de la media noche, a paso rápido, a oscuras, armados y listos para la batalla. Pero cuando los hombres empezaron a tropezar y lastimarse, cedió a las exigencias de sus capitanes, permitiéndoles que se encendieran antorchas.

Hasta el momento nada le estaba saliendo como lo planeaba. Había desembarcado en Ciudad Dargan tres días atrás, con menos de los diez mil mercenarios que había contratado al otro lado del mar Celeste. Furiosas tormentas se habían cobrado tres naves de la flota, dejando a Madiel con una profunda desazón. Ya en Ciudad Dargan recibió severas críticas por permitir partir a lord Alex con la mitad del dinero de la rebelión. Al parecer, el mercader no era de la confianza de todo el mundo.

Y para colmo se enteró de la emboscada en el Valle de la Muerte. Una victoria para Tres Minas, si es que lo era, no una gran victoria como hacían propaganda su responsable y sus compinches: ser Dayron, caballero arrogante, líder electo por los darganienses junto con él. El caballero en persona le había contado cómo capturaron a una escuadra de exploración afirense y cómo los persuadieron para que guiaran a los afirenses a una trampa. Una victoria manchada con deshonor, fue lo que dijo Madiel, con traición y tácticas sucias. Pero eso lo dejaba pasar, al fin y al cabo, era la guerra, pero lo que sí le molestó, y no dudó en decirlo, fue el hecho de que sus compañeros de mando decidieran matar a todos los capturados, entre ellos muchos caballeros que de tomarse como rehenes habrían servido, y mucho, en una posible negociación.

Y lo peor de todo es que el arrogante ser Dayron se vanagloriaba de ello y se pavoneaba como el héroe de la rebelión y verdugo de afirenses.

Ser Madiel aún se sentía molesto por eso.

El camino discurría a escasos kilómetros de la costa. Serpenteaba entre suaves pendientes, bosquecillos de nogales y laureles y sobre abruptas y escarpadas zonas desérticas. La columna se extendía a lo largo de un kilómetro, y estaba compuesta por cinco mil darganianos, cuyo único propósito era encontrarse al amanecer frente al ejército afirense.

3 de noviembre de 2017

El estofado - Cuento corto

Mitch no acostumbraba estar fuera de casa mucho tiempo, y por lo general, se le podía encontrar casi siempre en el jardín. Pero esa tarde no aparecía por ningún lado. Tras volver de la escuela, jugar un rato con su gato era lo primero que Ricky hacía. Ni siquiera almorzó por ponerse a buscarlo.

Su madre no sabía nada del gato, ni tampoco la vecina de al lado ni la de enfrente. Mitch parecía haberse esfumado. «Se lo robaron», pensó con rencor el pequeño. No le cabía en la cabeza que el gato se hubiera marchado por cuenta propia, no después de todo lo que lo consentía. «¿Y si alguien lo mató?», sabía que era muy probable. Era una pregunta aterradora.

Por buscar sólo quedaba la casa de la vecina de junto, la de la izquierda, no la de la derecha. No había ido allí porque la vieja le daba miedo. Tenía como setenta años, el cabello gris y quebradizo y la boca desdentada. Vivía sola, y sola parecía que iba a morir. Pero no iba a su casa no sólo porque le daba miedo, sino porque también le debía muchas travesuras, y Mitch se había comido su pareja de canarios australianos.

En esos momentos la podía ver a través de la ventana abierta. Estaba cocinando, y el aroma que provenía de la olla hirviendo, lo hacía salivar. Tuvo la horrible idea de que lo estaba cocinado era su gato. Eso le recordó que aún no había almorzado, a pesar de los gritos de su madre para que se olvidara de su cochino gato y comiera de una vez por todas.