Bienvenidos a mi tapiz de historias de terror. Acá iré publicando las historias que vaya escribiendo, pero desde ya os advierto que no publicaré en un día concreto. Los cuentos los subiré apenas los haya terminado y considere que son dignos de ser leídos. Así que no os desesperéis, porque la desesperación lleva a la desesperanza y la desesperanza al abandono. Así que ya sabéis!

Bienvenido y a leer!

26 de septiembre de 2017

El ladrido del perro - Cuento corto

Los incesantes ladridos de Tobby lo despertaron. Jonás, un solitario setentero, fue arrancado de su lascivo sueño con veinteañeras casi con brusquedad. Los constantes ladridos del perro no eran normales. Tobby no era así. Algo debía de estar ocurriendo afuera para que actuara de aquella forma. Un ladrón quizá.
Sus huesudas piernas, afectadas por la artritis, protestaron cuando las hizo salir de la cama. Encendió la lámpara con temblorosas manos y después fue a por el viejo rifle que guardaba en el armario.
Afuera, el perro ladraba incesante.
Jonás recorrió los pasillos pensando en la causa de la inquietud de Tobby, presto el rifle para disparar al primer maleante que se le pasara por delante.
Abrió la puerta con energía y valentía; a su edad ya nada le podía causar miedo, ni la muerte siquiera.
Una vez hubo abierto la puerta, los ladridos cesaron de pronto. Y Jonás recordó por qué: Tobby había muerto un año atrás.

En el patio, lo que lo miraba con ojos brillantes y demoniacos, era un monstruo, mezcla de perro y de gente; totalmente sobrenatural, aterrador. La cosa esa enseñó sus largos colmillos y ladró una única vez; era el ladrido de Tobby sí, pero esa cosa no era su cachorro.
Avanzó hacia Jonás, y éste, olvidándose por completo del rifle, cerró la puerta de un portazo y corrió a su habitación. Ya en ella se cubrió de pies a cabeza con las sábanas, temblando de miedo, y se puso a rezar. Afuera, los ladridos a veces se convertían en risas burlonas.
Desde la muerte de Tobby todas las noches era igual. Siempre se olvidaba que el perro había muerto y lo recordaba sólo cuando tenía enfrente a aquél monstruo que lo aterraba hasta los huesos. Jonás sospechaba que aquella situación no iba a durar mucho. O le daba un ataque al corazón o el monstruo se lo iba a merendar. Cualquier opción le parecía mejor al miedo que tenía que soportar cada noche.
Afuera, los ladridos se intercalaban con las risas. Adentro, Jonás temblaba como un cachorrito abandonado a la intemperie. 

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