Bienvenidos a mi tapiz de historias de terror. Acá iré publicando las historias que vaya escribiendo, pero desde ya os advierto que no publicaré en un día concreto. Los cuentos los subiré apenas los haya terminado y considere que son dignos de ser leídos. Así que no os desesperéis, porque la desesperación lleva a la desesperanza y la desesperanza al abandono. Así que ya sabéis!

Bienvenido y a leer!

30 de septiembre de 2017

Fantasma - Cuento corto

Mi perro era blanco como la nieve, de pelo esponjoso y orejas cortas y puntiagudas. De inmediato me pareció que era similar a Fantasma, el lobo de Jon Nieve. Fue por ese parecido que lo nombré Fantasma. Era un perro bromista, juguetón y un tenaz guardián de la casa. Mis amistades se sorprendían del extraño nombre, pero era mi perro, no el de ellos, de modo que no importaba.

Cierto día desapareció. O más bien me atrevo a asegurar que me lo robaron, o lo mataron y tiraron su cuerpo blanquecino en algún basurero. Simplemente me eché a dormir una noche y a la mañana siguiente, cuando fui por él al patio, ya no estaba. Vagamente recuerdo que tuve sueños agitados, y que a lo lejos oía ladridos y gemidos caninos; ahora me doy cuenta de que no fueron sueños, en realidad oía lo que le ocurría a Fantasma.

Lo cierto es que desapareció, y por más que lo busqué no di con él. Puse afiches en tiendas y postes de luz ofreciendo recompensa, pero en vano pasé atento a mi celular; nadie llamó. Hoy es el tercer día desde su desaparición, y sé que no va a volver. En serio que estoy muy triste, no creía que fuera posible sentir tanto apego por una mascota.

Me acuesto a dormir aún acongojado. Como todo, sé que mi pena va a remitir, pero mientras dura, duele como lo que más.

El Mago Desterrado (Capítulo 15)

Lee el capítulo anterior: CAPÍTULO 14
El Valle de la Muerte
El ejército llevaba tres semanas entrenando a las afueras del Pescador Borracho. «El Pescador Borracho», lord Evans sonrió al recordar el nombre. Kory, la joven a la que había despojado de su prometido el día que asaltaron la aldea, le contó por qué se llamaba así, la segunda vez que se la llevó a la cama.

—Es porque aquí los pescadores se emborrachan más que en ningún otro lado, milor —le dijo, mientras apoyaba la cabeza en su fuerte pecho.

—Mi Lord —la había corregido él. De eso ya hacía quince días.

«Y tres semanas sin hacer nada».

—¿Tu prometido era de los que se emborrachaban?

—No era pescador.

Lord Evans había obedecido la orden del Rey Nakar, como todo buen vasallo para con su soberano. Pero con cada día transcurrido, la tensión, la rabia y la frustración lo hacían su presa con más ahínco. ¡Tres semanas sin hacer nada!, igual no era mucho tiempo, pero para él sí, más aún cuando había llegado a Dargan con la intención de apoderarse de la isla inmediatamente y dar un golpe de efecto a sus adversarios. Ese sentimiento de fracaso e impotencia era lo que más le carcomía por dentro.

Ese día el campamento se había despertado, como de costumbre, con el tañido de las trompetas que anunciaban el alba. Sus veinte mil hombres apenas empezaban la jornada de entrenamiento. Progresivamente iban mejorando, aunque con mayor lentitud que la esperada por lord Madison. Pasaría al menos un mes más para que pudieran llamarse un ejército de verdad, apto para casi cualquier empresa, batallas campales y asalto de murallas, o al menos en teoría. En esto último era donde debían concentrarse más en las siguientes semanas. Sería necesaria mucha destreza y capacidad en esta área si querían doblegar la resistencia de la isla.

Lord Evans observaba el entrenamiento desde la muralla del poblado. En ese momento su ejército estaba dividido en dos grupos de igual número. A pedido de Evans simularían una batalla, con lanzas sin mojarras y espadas embotadas o pedazos de madera. Los arqueros ese día no combatirían, era demasiado trabajo crear flechas sin punta para una simple simulación, así que practicaban con blancos móviles en el lado sur del campamento.

Más pronto que tarde lord Evans se convenció de que su simulación de batalla era una pérdida de tiempo. Cuando los ejércitos se encontraron en el centro de la liza todo se redujo a golpes sordos y magulladuras sin sentido, incluso hubo uno que otro hueso roto. Algunos idiotas se habían tomado la simulación muy en serio. Si hubiese dejado que usaran armas afiladas, como muchos habían pedido a voz en grito, ahora tendría sólo medio ejército.

Lord Evans sacudió la cabeza y ordenó a un heraldo que transmitiera la orden de parar aquella farsa. Después les permitió descansar el resto del día. Muchos tenían magulladuras de consideración y necesitarían un buen día de reposo.

De regreso en la posada, que había tomado como su residencia y base de mando, pidió a Kory que le llevara una copa de vino endulzado con miel. Ahora la muchacha le servía exclusivamente a él, y para sorpresa propia, la chica parecía satisfecha, que no encantada, con el trabajo. Ese día vestía un vestido de tosco paño color esmeralda, se lo ceñía a la cintura con una delgada cinta roja y llevaba el cabello rojizo sujeto con un gancho de hueso.

La joven volvió al cabo de un minuto con la copa de vino que le había pedido. Lord Evans le dio un sorbo y el sabor dulce y veraniego le refrescó gratamente la garganta. La muchacha se había quedado de pie a unos metros de él y lo miraba con esos ojos color avellana que poseía.

29 de septiembre de 2017

Historia por WhatsApp 28) Friendzone (V)




Calor - Cuento corto de terror

El camino era oscuro, estrecho, flanqueado por paredes invisibles que le impedían salir de la senda. El miedo era absoluto, perpetuo, torturante. Adelante vislumbraba algo naranja, como una luz, quizá una fogata. Imaginaba que, de alcanzar aquella luz, se hallaría a salvo. Tras él, pisándole los talones, un póker de monstruos de pesadilla le pisaban los talones. Román no sabía de dónde habían salido, ni cuándo, ni por qué estaba en aquella senda; sólo sabía que de no correr podía darse por muerto.
Eran monstruos grandes como caballos, negros, de grandes ojos rojos como ascuas. La cola inhiesta, las zarpas al aire, los gruñidos amedrentadores… y lo peor, lo seguían, le daban alcance, lo querían matar. ¿Qué les había hecho él?
El miedo le hacía sacar fuerzas de donde no las había, así que siguió corriendo, acercándose cada vez más a aquella luz naranja de delante, de la cual, cuánto más cerca, más era el calor que de ella provenía. Mientras corría, un pensamiento más aciago que su situación actual empezó a cobrar forma en su subconsciente.
Tras él, los monstruos se acercaban cada vez más. Pero él también se estaba acercando a aquella luz naranja, al infierno. La luz provenía de allí, no de una fogata como había supuesto sino de un fuego de enormes dimensiones, gigantesco, aterrador, y el calor que emanaba de él era agobiante.

26 de septiembre de 2017

El ladrido del perro - Cuento corto

Los incesantes ladridos de Tobby lo despertaron. Jonás, un solitario setentero, fue arrancado de su lascivo sueño con veinteañeras casi con brusquedad. Los constantes ladridos del perro no eran normales. Tobby no era así. Algo debía de estar ocurriendo afuera para que actuara de aquella forma. Un ladrón quizá.
Sus huesudas piernas, afectadas por la artritis, protestaron cuando las hizo salir de la cama. Encendió la lámpara con temblorosas manos y después fue a por el viejo rifle que guardaba en el armario.
Afuera, el perro ladraba incesante.
Jonás recorrió los pasillos pensando en la causa de la inquietud de Tobby, presto el rifle para disparar al primer maleante que se le pasara por delante.
Abrió la puerta con energía y valentía; a su edad ya nada le podía causar miedo, ni la muerte siquiera.
Una vez hubo abierto la puerta, los ladridos cesaron de pronto. Y Jonás recordó por qué: Tobby había muerto un año atrás.

24 de septiembre de 2017

El niño del lago - cuento corto de terror

Era una parte solitaria del lago, una parte a la que casi nadie iba. Por eso fue que me sorprendió ver a un niño allí. Estaba de espaldas, las piernas sumergidas en el agua, los hombros encogidos en gesto de abatimiento. Pensé que estaba triste por algo. Así que me acerqué para ver que le ocurría.
El niño se volvió al oír mis pisadas que se acercaban. La sonrisa que me dirigió era de infinita tristeza, de desolación. Sus ojos, grandes y negros, reflejaban lo mismo que su sonrisa. Me sentí conmovido.
―¿Qué haces aquí tan solo, pequeño? ―le pregunté, agachándome a su lado.
―Me perdí ―respondió, casi a punto de echarse a llorar―. Y me sucedió algo terrible. ¿Me ayudas a salir del agua? ―Tendió sus manitas de niño hacia mí, suplicante.

23 de septiembre de 2017

Historia por WhatsApp 28) Friendzone (II)




El Mago Desterrado (Capítulo 14)

Lee el capítulo anterior: CAPÍTULO 13
El nuevo paje
La comitiva del rey regresó al mediodía. Dariana los vio llegar desde el balcón de sus aposentos. Su padre el rey Nakar iba a la cabeza, junto con su abuelo lord Bride y lord Martin. Los precedían los portaestandartes, ondeando al sol del medio día el águila dorada sobre fondo rojo de los Doverick, la gaviota negra sobre campo azur de los Dortall y el loro verde sobrevolando el cielo azur de los Brown. Les seguían caballeros y señores menores. Tanto hombres como caballos presentaban aspectos cansinos y zarrapastrosos, bañados en sudor y polvo. Dariana imaginaba que había sido una agotadora travesía.

—Ya ha vuelto el Rey —señaló Milka, que en ese momento se encontraba haciéndole compañía.

—Sí.
—¿Cree, princesa, que hayan librado alguna batalla? —inquirió la doncella—. Se ven cansados y sucios.

—Ha sido un viaje muy largo —dijo Dariana—. No esperes que huelan a rosas.

«¡Dioses! Que así sea». Como consuelo, si habían luchado, su padre y su abuelo se encontraban bien.

Los mozos de cuadra salieron presurosos a coger las riendas de los caballos para atenderlos, y el mayordomo del palacio salió a recibir al séquito. Tras éste salió la reina Brissa.

Dariana advirtió en esos momentos a ser Harris, alto, esbelto, con el cabello negro pegado a la cabeza cuado se quitó el yelmo. Inexplicablemente su corazón acrecentó la velocidad de sus palpitaciones. Como acto reflejo recordó el beso que hacía tres semanas le había robado, el beso que ella guardaba para su príncipe, para su gran amor. De pronto se sintió molesta y se prometió que eso no se lo perdonaría jamás. Más le valía no volver a acercarse a ella porque lo pagaría muy caro. El joven caballero levantó el rostro, la vio y sonrió. Dariana lo ignoró adrede.

Aún recordaba la reprimenda que su madre le había merecido por aceptar flores de cualquier hombre.

—Sólo he recibido rosas a Ser Harris —dijo ella a la defensiva—. No he vuelto a verlo desde mi compromiso con Ser Daniel.

—Bastante malo es que se haya atrevido a darte una sola rosa —la reina estaba que echaba chispas—. Sería inconcebible que después de tu compromiso lo hiciera aún. Lo peor es que tú, Dariana, las aceptasteis.

—Sólo era un juego. —No sabía exactamente qué decir—. No creí que fuera algo malo.

—Es normal que los caballeros halaguen a las damas y que de vez en cuando les regalen algo, ¿pero a escondidas?, eso es una falta de respeto. Cuando tenga enfrente a ese Ser me va a conocer.

—¡No! —Hasta ella misma se sorprendió del tono imperativo de su voz—. Quiero decir… no es necesario, madre —agregó mucho más sumisa—. Desde que supe de mi compromiso con Ser Daniel le ordené que no volviese a importunarme —«¿Ordenar?», Sí, es lo que haría una princesa—. Si alguna vez vuelve a abordarme me encargaré que te enteres, madre, para que dispongáis como gustes.

—Siempre has sido una buena hija, Dariana —el tono de su madre se había suavizado un poco—. Lo dejaré pasar por esta vez, y no enteraré a tu padre…

22 de septiembre de 2017

La advertencia de mamá

Mi mamá ya me tenía aburrido con la misma cantaleta: “Si vas a salir, ten cuidado.” Pero todas las madres dicen lo mismo, ¿verdad?
Con la diferencia que cuando mi viejecita me prevenía con la mencionada frase, no lo hacía refiriéndose a los maleantes o lacras semejantes que atestan toda sociedad. Ella lo hacía para prevenirme de la “Mujer fantasma”. Era ésta, según mi madre, una silueta blanca que ocasionalmente pasaba frente a nuestra casa, llorando y gritando, como si hubiese perdido algo y fuese en pos de ello.
―Ten cuidado con encontrártela ―me amonestaba, ante mi falta de interés en la cuestión―. No sabemos qué busca, ni lo que podría hacerte de encontrarte fuera.
Por supuesto, nunca le hice caso. ¿Una mujer fantasma? ¿Quién cree en esas cosas? Desde luego que yo no.

17 de septiembre de 2017

El Roedor

Timmy era el único niño de la casa Bane, tenía siete años y era amante de los animales. Pero no de la manera que muchos imaginarán. Lo que a él le atraía de estos fabulosos seres no era el alimentarlos, el cuidarlos, su fidelidad… No, a Timmy lo que le gustaba era divertirse con ellos, divertirse de una manera cruel y retorcida.

Sus padres lo sabían, era por eso que ya no le compraban los perritos y gatos que tanto pedía. A un gato, que había llamado Stan, lo dejó morir de hambre cuando tenía seis años. Lo encerró en una jaulita y no le dio de beber ni de comer por más de diez días. A Ruly, un perrito, lo envenenó. Los padres de Timmy jamás supieron de dónde sacó el veneno. También se le murió una tortuguita, un canario y otro perrito.

Al principio no sabían que era Timmy quien causaba la muerte de los pobres animalitos, pero terminaron por descubrirlo, lo que los alarmó y llevó a la madre al borde de la histeria.

―¡Oh por Dios! ―dijo en esa ocasión a su marido―. ¡Mi hijo es un psicópata! Ahora una mascota, ¿después qué?

―Es sólo un niño ―dijo el padre, persona menos dada a los arrebatos emocionales―. Seguro que tiene alguna explicación. No me digas que tú nunca hiciste alguna travesura cuando eras pequeña.

―Sí, poner algo más de picante en la comida de mi hermana, pero nunca maltratar un animal. ¡Ahora se pena el maltrato animal, Jas! ¿No te das cuenta?

―Me doy cuenta de que estás muy alterada. Descuida, no le compraremos otra mascota, fin del problema.

―Ojalá tengas razón.

Un mes después del último animal muerto, Timmy llegó a la conclusión de que los adultos de la casa no iban a sucumbir a sus suplicas, no le iban a comprar más “conejillos”, como llamaba mentalmente a sus víctimas. Eso lo sumió en una etapa de mutismo, de enclaustramiento personal. No hablaba más que para pedir otro perrito, un gato, un conejo… pensó que, si sometía a sus padres a esa condición, estos terminarían por ceder.

16 de septiembre de 2017

Historia por WhatsApp 26) Atrapados (IV)




El Mago Desterrado (Capítulo 13)

Lee el capítulo anterior: CAPÍTULO 12
Día de pesca
La pesca fue abundante ese día. Peter, su sobrino de diez años, se erguía sobre su potrillo castaño con una enorme trucha bajo el brazo; la había pescado él mismo, y la abrazaba como si fuera un gatito. El resto lo cargaba él en un pequeño cesto de mimbre.

—Mamá estará contenta cuando nos vea llegar con todo este pescado —dijo Peter, sonriente.

Peter era un muchachito de cabello castaño y revuelto, tez clara y ojos azules, travieso y extrovertido, más parecido a él que a su padre. En más de una ocasión le habían preguntado si era su hijo.

—Sí. Claro que lo estará —dijo Rodny.

Aunque la verdad es que lo dudaba mucho. Marian, su cuñada, distaba mucho de ser una persona alegre, al menos en los últimos días. Y Rodny no la culpaba, había que cosiderar que apenas un mes atrás había perdido a su esposo. Y si a eso le añadías que llevaba un niño en el vientre, un niño que nacería sin padre, no era pues, sorprendente que se pasara los días meláncolica y encerrada en su habitación.

No tardaron en llegar a la calle principal de Armizas, su hogar. La calle era de tierra apelmazada y las casas que la flanqueaban de adobe y tejas la mayoría, aunque también las había de piedra, de terraza y hasta de tres plantas, pero en menor cantidad. Entraron por el lado norte, que era la dirección en la que se encontraba la Laguna Verde, dos millas atrás. Algunos de los aldeanos los saludaron con leves inclinaciones de cabeza y Peter les mostró orgulloso su presa.

A Rodny le encantaba ir de pesca, y a su sobrino todavía más. También le gustaba ir a cazar a los bosques contiguos ¿A quién no le gustaba ir a cazar? Cuando su sobrino tuviera la edad suficiente, él mismo se encargaría de enseñarle a cazar, a usar la lanza y la espada. De pronto era como si se hubiese convertido en padre.

—Papá también se hubiera alegrado —comentó Peter—. Siempre se alegraba cuando llevábamos pescado. Le gustaban asados ¿recuerdas, tío? Es una lástima que ya no esté con nosotros —agregó con nostalgia.

—Sí, es una lástima —convino Rodny—. Recuerda que los dioses saben lo que hacen. —Era una frase que utilizaban a menudo los sacerdotes y personas de mayor edad, pero en su joven boca sonó falsa y carente de sentido.

Sin embargo, el chico asintió.

8 de septiembre de 2017

El Mago Desterrado (Capítulo 12)

Lee el capítulo anterior: CAPÍTULO 11
El comienzo
Las murallas, blancas como la leche, aparecieron en el horizonte noroeste. Ser Maxwell exhaló un suspiro del más profundo y absoluto alivio, aunque apenas si tenía fuerzas para ello. Después de lo acontecido en Isla Pirata y durante la travesía, cualquier ciudad, sin importar que éstas no fueran su hogar, le parecían el paraíso, y lo que era más importante, la salvación.

—Lo logramos, Maxwell —dijo Darfor a su lado. Parecía diez años más viejo, pero la sonrisa que le iluminó el rostro representaba todo lo contrario—. Nuestra aventura sería digna de una canción.

—Cuanto estés sentado en tú trono, las canciones que hablen de ti se contarán por cientos —dijo Maxwell.

—También hablarán de ti, querido amigo —Lord Darfor le apretó un hombro con afecto—. De lo contrario no le serían fieles a la verdad.

—Muy pocas canciones son fieles a la verdad —adujo Maxwell.

Lord Darfor esbozó una pequeña sonrisa. Después fijó su vista en las murallas aún distantes de Robast. Maxwell le respondió con una sonrisa que su señor no alcanzó a ver.

El capitán Tolón, fatigado, pero con una sonrisa perenne en el rostro, permanecía tras el timón de la nave. Maxwell sabía a la perfección a qué se debía aquella sonrisa: por haber salido vivo de Isla Pirata y sus mares embravecidos y porque a partir de ese día sería un hombre muy rico. Si así lo quería, podría pasarse el resto de su vida recostado en un sillón, comiendo, bebiendo y malgastando el oro que lord Darfor le había prometido.

Lord Darfor también tenía un brillo en sus ojos que hacía años Maxwell no veía; su rey estaba feliz y lleno de esperanza. Y no sólo eso, Darfor charlaba más a menudo y las sonrisas le fluían con la misma facilidad con la que el agua fluye en los arroyos con el deshielo primaveral. Y si Darfor era feliz, Maxwell también lo era. Sonrió y juntos contemplaron las murallas agrandarse a medida que la Dar´Val seguía navegando.

Encontrar el tesoro escondido en Isla Pirata había supuesto un revulsivo en el ánimo tanto de Lord Darfor como en el suyo propio. Incluso el capitán Tolón vio todo con nuevos ojos al enterarse de la magnitud del descubrimiento. El retrato de la amplia caverna rebosante de riquezas permanecía intacto en la mente de ser Maxwell. Los montículos de dos metros de altura, brillantes a causa del oro contenido, los enormes cofres y cajones a rebozar de piedras preciosas y objetos incrustados de rubíes y esmeraldas, los cerros de plata… todo seguía en su mente como si los hubiese visto hacía un minuto. Pero de eso hacía ya un mes.