Bienvenidos a mi tapiz de historias de terror. Acá iré publicando las historias que vaya escribiendo, pero desde ya os advierto que no publicaré en un día concreto. Los cuentos los subiré apenas los haya terminado y considere que son dignos de ser leídos. Así que no os desesperéis, porque la desesperación lleva a la desesperanza y la desesperanza al abandono. Así que ya sabéis!

Bienvenido y a leer!

31 de agosto de 2017

Historia por WhatsApp 22) Un sueño




30 de agosto de 2017

Historia por WhatsApp 21) Espiando




26 de agosto de 2017

Historia por WhatsApp 18) EL DVD




El Mago Desterrado (Capítulo 10)

Lee el capítulo anterior: CAPÍTULO 9

El Pescador Borracho
La flota zarpó de las costas de Puerto Esthír una semana después de que lord Evans se enterara de lo del ejercito brenferino.

La mayoría de los hombres habían recibido de buen grado la noticia. Pero no todos. Los había que eran cobardes, los que no se sentían del todo preparados, o ambas cosas a la vez. Algunos nobles y caballeros opinaban que no se estaba respetando la voluntad del rey y que aquella decisión sin duda alguna les acarrearía problemas en la corte. Pero lord Evans se encontraba por encima de todos esos tapujos y su decisión se sobrepuso.

Había retrasado el viaje varios días, a la espera de su hermano ser Freddy Madison y de su hijo Daniel. Pero ni su hermano ni si vástago habían regresado. Quizá el Palacio Real les había parecido tan cómodo y acogedor como parecía. Evans tenía planes para ambos. Habría querido comunicárselos directamente, para dejar bien claro lo que esperaba de ellos. Pero no teniendo mejor opción, escribió las órdenes y las mandó a Palacio Madison, a la espera de sus destinatarios.

Después partieron.

La flota de ciento cincuenta naves ofreció una estampa memorable a los habitantes de la ciudad cuando zarpó rumbo a Dargan, con las velas a colores, el retumbar de los tambores y los remos como ciempiés. Desde el castillo de popa de su enorme dromón, la Gran Esthír, observó a millares de personas que los despedían desde las playas, puertos y murallas de la ciudad. Hacía muchos años que no se veía una flota de esa magnitud. Evans sabía que ofrecían un gran espectáculo. Ver a la gente despedirlos con algarabía no lo era menos. Todos confiaban en que regresaría con una gran victoria. Claro, ellos no sabían que el enemigo contaba con el doble de hombres que ellos.

Podría decirse que era la Flota Real, de no ser porque ni una sola de las naves pertenecía a la flota en cuestión. Cuarenta y cinco eran naves suyas, de Puerto Esthír. Solo había dejado una decena en la ciudad, para cualquier eventualidad. Otras treinta y cinco eran de lord Narciso Blanc, que orgulloso y testarudo comandaba en persona sus naves. Diez más eran de lord Martin Dortall, las cuales eran comandadas por ser Marvin Dortall, sobrino del señor de La Unión. Diez más eran propiedad de los Torr de Pueblo Tortuga, éstas al mando de Taslov Mijar, un marinero de cabello amarillo oriundo de Nareljá, al otro lado del mar Celeste. Otras veinte eran de Ilandria, bajo la capitanía del lord Capitán Erdond Mount. Viejo Sander aportaba otras veinte, dirigidas por ser Nerlson Sander. Por último, las diez naves restantes pertenecían al viejo lord Arnold Orrov, que había enviado a tres de sus cinco hijos. El mayor, de casi cincuenta años, ser Ross Orrov, era el que estaba al mando tanto de los barcos como de los hombres.

Sin duda era una flota impresionante. Pero si la situación lo requería, aquel número podía multiplicarse hasta varias veces. Había muchas casas que aún mantenían sus flotas en los muelles o en rondas de vigilancia, ya fuera por orden del rey o por encontrarse demasiado lejos de Puerto Esthír, el punto de reunión. Además de que las casas representadas en la flota no habían enviado todas las naves de las que podían disponer. Especial atención merecía Lord Blanc, que no había mandado más que la mitad de sus barcos.

Sólo la mitad de los barcos eran naves de guerra. Y del resto, ni siquiera la mitad disponía de remos. Para que ningún grupo se rezagara, casi la totalidad de la flota navegó únicamente a vela. Sólo la avanzadilla y las naves vigías del costado izquierdo se valían de los remos para mantener al grueso de la flota fuera de peligro.

21 de agosto de 2017

Historia por WhatsApp 14) Atrapada




El Mago Desterrado (capítulo 9)

Lee el capítulo anterior: CAPÍTULO 8

Escaparon gracias a Quartón. El Dios de los mares y los vientos se mostró propicio con ellos, especialmente la primera noche. Las velas se hincharon con el viento durante casi toda la jornada nocturna y, en los lapsos que menguaba, casi la totalidad de la tripulación tomaba los remos y bogaba con ahínco, a sabiendas de que sus vidas dependían de ello.

La noche había sido oscura, casi negra, a causa de los nubarrones obscuros que permanecían perennes en el cielo. Ni la luna ni las estrellas aparecieron esa noche y todo presagiaba que de un momento a otro se desataría una tormenta sobre ellos, pero gracias a Quartón eso no ocurrió.

Para que las naves no chocaran entre ellas, ni se perdieran, el Almirante Marcial había ordenado que se dispusieran cuatro lámparas en las naves, una en cada extremo y otra en los costados. Aquella acción delataría la posición de su flota a los hombres grises, pero según había escuchado las historias, estos seres maquiavélicos miraban de igual forma tanto de día como de noche. De modo que las lámparas no representaban ningún peligro extra.

Al menos quince naves de velas negras los persiguieron esa noche, pero gracias a los dioses no estuvieron ni siquiera cerca de darles alcance; a pesar de que la Lord Darcis XXI era la más lenta de la flota y las demás seguían el ritmo de ésta. Los perfiles negros recortados contra el horizonte mientras caía la noche fue una estampa sobrecogedora. Afortunadamente fue lo más cerca que estuvieron de los barcos myarenses.

Cuando por fin amaneció, después de la que pareció ser la noche más larga de sus vidas, tras ellos no había rastro de los myarams. El vigía, apostado durante toda la noche en la cofa, como si hubiese sido capaz de ver más allá de sus propias narices, gritó a voz en grito que no había señales de los hombres grises hasta donde alcanzaba la vista. La tripulación respondió con gritos y vítores.

Lograron regresar a la Base Naval Macario Darcis en tan solo tres días. Con todo que apenas si durmieron durante el viaje de vuelta. Aunque el avance en la noche era lento, por los riesgos que ello siempre conllevaba, la mitad de la tripulación se mantenía despierta, a causa de un temor supersticioso que los hacía creer que los semihombres aún los perseguían. Marcial era de la opinión de que estos habían renunciado a la persecución desde la primera noche, pero un poco de miedo volvía más deseosos de remar a los marinos y los ayudaba a mantenerse alerta.

Al segundo día, el hedor de los cuerpos de sus hombres muertos durante la captura de la Vela Negra empezó a filtrarse desde la bodega. Y al tercer día era casi insoportable. Más aún en el interior de la nave insignia. Los hombres comían en la cubierta, pero aún así hubo algunos que echaron las tripas en cuanto los alimentos llegaban a sus estómagos. Algunos se atrevieron a sugerir que tiraran los cuerpos al mar, pero Marcial se mostró tajante en esa cuestión. No estaban tan lejos de casa, podían resistir el hedor un poco más.

La Base apareció en el horizonte al tercer día, cuando faltaban solo dos horas para el anochecer. Todos, incluido el propio Marcial, mostraron su alivio al divisar su tierra, su hogar. Un buen grupo de marinos se acercó a los muelles para recibirlos. Algunos los esperaban con sonrisas y los saludaban con las manos alzadas, no obstante, esto cejó cuando el hedor de los cuerpos en descomposición empezó a impregnar buena parte del puerto; era el olor de la muerte.

Las preguntas y respuestas empezaron poco después de que atracase la primera nave. Capitanes de los navíos mercantes, los propios mercaderes, remeros, pescadores, viajeros y habitantes de Pueblo Puerto empezaron a acercarse llamados por la curriosidad a los muelles en los que la flota estaba anclando. Los que estaban más cerca de la Lord Darcis XXI se tapaban las narices con sus capas o pañuelos para soportar el hedor putrefacto que salía del enorme navío. Es increíble lo mucho que pueden llegar a heder los humanos después de tres días de muertos. Los gritos ahogados, las exclamaciones y susurros excitados y nerviosos empezaron a acrecentarse en el puerto a medida que el rumor de marineros muertos a manos de hombres grises se esparcía. No pasarían muchas semanas para que medio mundo supiera de aquel acontecimiento.

Antes de desembarcar para dirigirse al Cuartel, Marcial ordenó que se averiguara quiénes de los tripulantes muertos tenían familia en Pueblo Puerto para entregar sus cuerpos a éstas. Los demás serían incinerados esa misma noche a orillas del mar.