Bienvenidos a mi tapiz de historias de terror. Acá iré publicando las historias que vaya escribiendo, pero desde ya os advierto que no publicaré en un día concreto. Los cuentos los subiré apenas los haya terminado y considere que son dignos de ser leídos. Así que no os desesperéis, porque la desesperación lleva a la desesperanza y la desesperanza al abandono. Así que ya sabéis!

Bienvenido y a leer!

19 de mayo de 2017

Lady Mind (Parte II. Final)

¿Olvidar? ¿Cómo olvidar a alguien de quien te has prendado desde el primer momento? A alguien por quien te has desvivido en atenciones y cortesías, en galanteo y caballerosidad. ¿Cómo olvidar a alguien que le has ofrecido todo y te ha escupido en la cara? No, eso no se olvida. Aunque lo intenté. De verdad que lo intenté.
Lo primero que hice fue alejarme de las fiestas un tiempo. Creí que, si la dejaba de ver, terminaría por olvidarla. Sucede que, las cosas casi nunca salen como uno quiere. Y en vez de olvidarla, mi mente no dejaba de volar a ella, a Lady Mind. La imaginaba toda: su cuerpo, su rostro, sus labios, sus sonrisas, su cabello, su gracia… y apretaba los puños, lleno de ira, de frustración, de odio.
Cuando unos dos meses después decidí regresar a la vida en la sociedad, yo era un tipo más callado y serio; casi amargado. Cuando la volví a ver, estaba tan radiante como siempre, puede que más. Mi corazón se desbocaba con cada vistazo que le daba. No podía creer que estuviese privado de su amor, ni siquiera fui capaz de cultivar su simpatía. En secreto odiaba a quien quiera que hubiese ganado o fuese a ganar su amor.
Se suponía que había atendido a razones y me olvidaría de ella. Pero el volverle a ver, hizo que la llama del amor se insuflara aún más y no desaproveché cualquier ocasión que tenía para abordarla. Traté siempre de mantener la etiqueta y el protocolo, pero muchos se dieron cuenta que esa joven me traía trastornado.
Pronto empezaron a hablar de mí. De mi conducta poco caballerosa, empujando incluso a otros jóvenes, con tal de tener a Lady Mind para bailar una pieza. Mi lista de pretendientes decreció considerablemente por la poca atención que les brindaba, y se convirtieron en mis claras detractoras. Y de Lady Mind, no obtenía más que rechazo y antipatía.
Pero logré abrir los ojos, definitivamente di un paso atrás en la fila de pretendientes de Lady Mind y traté de resarcir mi buen nombre. Transcurrieron algunos meses de esta forma. Poco a poco volví a ser el joven caballero Edward Mills. Mi pasión por Lady Mind seguía tan viva como siempre, mi día y mis noches estaban plagados de ella, pero era consciente que era un amor imposible, y que por tanto tenía de tratar de seguir un camino apartado del suyo.
Dicen que cada instante de la vida está planeado por Dios. Yo creo que Dios se toma sus ratos libres, entonces aparece Satán para hacer de las suyas; es una de las explicaciones que doy a lo que pasó.
Existen esos momentos, cuando piensas en el rechazo de la persona amada, con quién estará, quién será la causa de sus sonrisas… Sientes la rabia y la impotencia reverberar en tu interior y las lágrimas asoman a tus ojos. En esos momentos piensas que si ella no estuviera todo sería tan sencillo. Pero cuando esos pensamientos horribles coinciden con la presencia de la persona que los causa, a mí me parece que es cosa del diablo.
Eso fue lo que ocurrió en mi caso. Caminaba por las calles con el rostro demudado por el dolor, pensando en lo que anhelaba y no me era posible, sintiéndome impotente y lleno de rabia. Fue cuando la vi, con sus largas faldas, su cabello en trenza y un vivaracho sombrero tocando su cabeza. De alguna manera me encontraba cerca de la casa de los Mind. Ya estaba entrando la noche y empezaban a encender las lámparas de la calle. Ella no me vio, como siempre.
La seguí por un laberinto de callejones, y quizá sólo fue celos, pero intuí que iba a ver a su amante. La rabia y el odio recorrieron mi cuerpo a raudales. Se metió en una vieja casa, al parecer deshabitada, a la que, tras cerciorarme de que nadie me veía, me escurrí también.
Estaba sentada en la sala, esperando. Dio un brinco a causa de la sorpresa, puesto que yo no era quien a esperaba ver cruzar esa puerta.
Señor, Mills dijo con voz trémula. Se notaba el miedo en su voz. Y había razón para tenerla.
Yo mismo no me podía ver, pero de haberme visto, también habría tenido miedo de mí mismo. Era un león herido, furioso, rechazado, traicionado. Me acerqué con cautela, disfrutando de su nerviosismo.
¿Señor, Mills? Su voz ya era de miedo. Dulce miedo. Aléjese por favor. Le suplico que deje de moles…
Mis manos se cerraron en su garganta y empecé a apretar. Disfruté ver su boca abierta tratando de halar aire. Sus ojos se iban saltando y su rostro se volvía negro a la luz de una única vela. Intentó arañar mis manos, pero mi traje me protegió. Así fue como maté a Lady Mind. ¡Y vaya si lo disfruté!
*****
Pero ahora, un mes después, mi conciencia no me deja en paz; me niego a aceptar que sea de verdad su espectro. Me tiene atemorizado, totalmente arrepentido. Mis nervios no dan más. Ya casi no como, ni duermo, apenas salgo de casa. Todos en la familia están preocupados. Piensan que estoy triste por la muerte de la muchacha que capturó mi corazón. ¡Si supieran!
Me oyen gritar por las noches y mi mamá y mi hermana viene a consolarme. A veces lloro en sus hombros, en silencio, porque no puedo confesar la verdad. No puedo decirles que el fantasma de Lady Mind me persigue, me acosa, me tortura, me está volviendo loco. No puedo decirles que fui yo quien la maté.
No fui el único afectado al parecer. Hoy nos enteramos que el joven amante de la fallecida se quitó la vida ahorcándose en una viga de su mansión. ¿Qué es lo que tenía esa joven que nos afectaba de forma tan pasional?
Mi familia irá al velorio. No quería ir, pero me han convencido de que lo haga. El padre del joven es muy amigo de la familia, y no sería bien visto que no les acompañara en momentos tan aciagos.
Me pongo mi mejor traje, junto con mi mejor sombrero de copa. Antes parecía muy apuesto, pero el espejo me revela un rostro demacrado y ojeroso. Lady Mind aparece en el espejo. Retrocedo aterrado y salgo de la habitación sin volver la vista atrás.
En el velorio soy un muerto más. Estrecho manos, abrazo a las damas afligidas. Pero por lo demás, deambulo sin sentido. Me acerco a la caja para ver al fallecido, al maldito que me ganó la carrera por Lady Mind. Pero lo que veo en el ataúd es el rostro acusador de la joven estrangulada. Retrocedo espantado, trastrabillo y casi tiro al suelo a varias mujeres. Pido disculpas y voy hacia el baño. Al volver la vista, Lady Mind está entre los presentes y no deja de mirarme.
Estoy en el lavado, echándome agua en el rostro, tratando de alejar la imagen de Lady Mind en mi mente. Cuando alzo la vista, ella está en el espejo.
¿Qué quieres? le grito ¿Por qué no me dejas en paz?
Lady Mind empieza a salir del espejo, observándome, acusándome, traspasándome con sus ojos cargados de tristeza y odio.
Ya no me tortures le pido, retrocediendo, alejándome de su espectro. ¡Estás muerta! ¡Estás muerta! ¿Entiendes?
No hace, no dice nada. Sólo me mira y flota hacia mí. Sólo quiero que se vaya, que me deje en paz.
No puedes hacerme nada continúo, ¡estás muerta! Yo te maté, ¿recuerdas? ¡Sí! Yo te maté y estás bien muerta. Bien muerta, tres metros bajo tierra. ¿Es eso lo que quieres saber, que estás muerta? Pues lo estás, y ya deja en paz a los vivos. ¡Yo te maté con estas manos! ¡Convéncete de que moriste y ve al lugar que correspondes! ¡A mí déjame en paz!
Retrocediendo como iba, no me di cuenta que salí del lavado. Tampoco me había dado cuenta de que estaba gritando. Un centenar de ojos duros y fríos me observan. Mi padre es el de los ojos más duros y fríos. Lo sé, le he fallado.
¡Papá! alcanzo a decir.
Tú no eres mi hijo espeta. Lleven a ese criminal ante la justicia.
Una docena de hombres van a por mí.
El espectro de Lady Mind por fin sonríe. 

1 comentario:

  1. Esto es como una recitación en historia de terror algo así me parece bien esta muy buena..

    ResponderEliminar