Bienvenidos a mi tapiz de historias de terror. Acá iré publicando las historias que vaya escribiendo, pero desde ya os advierto que no publicaré en un día concreto. Los cuentos los subiré apenas los haya terminado y considere que son dignos de ser leídos. Así que no os desesperéis, porque la desesperación lleva a la desesperanza y la desesperanza al abandono. Así que ya sabéis!

Bienvenido y a leer!

28 de enero de 2017

Risas en medio de la noche (II parte)

Lee la primera parte pinchando AQUÍ

Denia comprendió la naturaleza de la misión que le encargó Román aquella noche de revelación, la noche que supo sobre el fantasma de Margarita, la madre de Ryan. Consistía la misión en algo que parecía ser muy sencillo: suplir a la fallecida madre. Ganarse con cariño, afecto y atención al pequeño de cinco años. Y sencillo diríase que fue el procedimiento.
Obró Denia con paciencia, constancia y dedicación. Preparaba por la mañana los huevos y el beicon tal como a Ryan le gustaban. Mientras conducía a la escuela le preguntaba cómo había dormido, qué pensaba hacer en la escuela, si le gustaba que le preparara sándwiches para la hora del receso. A la hora de salida llegaba a la escuela diez minutos antes, para que el pequeño se percatara de que estaba muy pendiente de él. De regreso le preguntaba qué tal había ido todo, miraba sus cuadernos y las notas de la maestra y le ayudaba en lo que fuera que le hubiesen dejado de tareas. También jugaba con él, le preparaba palomitas o le iba a comprar un helado cuando miraba la televisión y acostumbraba darle un beso de buenas noches antes de dormir. Los fines de semana lo llevaba a pasear, a los juegos mecánicos, a los balnearios. En fin, estaba en su papel de denodada madre.
Ryan, como todo infante, era susceptible, y como era de esperar, en su corazón empezó a florecer el amor y la simpatía hacia su madrastra. Pronto dejó de ver en ella a la sustituta de su madre, a aquella que había llegado para usurpar su lugar. Cada vez le parecía más un modelo de mujer, veía a una madre.
Y así fue como las risas en medio de la noche (risas que siempre que Denia las escuchaba, le causaban escalofríos y pesadillas) fueron espaciándose cada vez más, hasta que cierto día, cosa de un año después del Matrimonio de Denia con Román, cejaron por completo.
Dos semanas después de la última aparición de Margarita en el patio trasero de la casa, Denia se atrevió a preguntarle a Ryan.
―Tu madre ―comenzó, en un momento de mutua confianza―, ¿ya no ha venido a verte?
―No ―respondió el pequeño, como si hablar de muertos que se aparecen fuera lo más natural del mundo―. Ni regresará. A ella le cuesta mucho venir aquí. Me dijo que el precio era muy alto, pero que por mí hacía lo que fuera. Entonces le expliqué que ya no la necesitaba, y que ya no tenía que sacrificarse por mí. Porque ahora te tengo a ti, Deni, ahora tú eres mi mamá.
Denia sintió que los ojos le escocían, y las primeras lágrimas de gratitud y amor se deslizaron por sus mejillas. Era la primera vez que Ryan utilizaba el apelativo de “mamá” con ella. Lo abrazó con fuerza.
―Ahora yo estoy contigo, cariño. Ahora yo soy tu mamá.
Parecía que allí concluía el sobrenatural capítulo de las risas en medio de la noche.
*****
Denia siguió en su papel de madre durante los siguientes meses. Ryan siguió en el papel de hijo. Y Román, bueno, Román era el hombre más feliz del mundo. Su hijo recuperado, una esposa joven y hermosa que era todo encanto. Nada podía ir mejor en aquella familia. ¿O sí?
Hasta que Denia quedó embarazada. Denia lloró de felicidad, Román lloró de felicidad. Ryan no entendía a qué venía tanto alboroto. Lo que sí notó fue que Deni pasaba cada vez más tiempo sobándose la barriga, hacía más visitas al doctor, cuando iba de compras no siempre se acordaba de comprarle algo, y lo que compraba era tan pequeño que Ryan no entendía para qué servía.
Empezaron a llegar visitas, todos felicitaban a Deni e insistían en acariciar esa barriga que cada vez era más abultada. Hasta que cierto día, viendo un programa que se suponía no debía ver, dio con la respuesta. Corrió a buscar a Deni.
―¿Mamá? ―dijo―. ¿Estás esperando un hijo?
Deni le sonrió con indulgencia y le acarició la mejilla.
―Así es mi amor, voy a tener un bebé.
Para Ryan el mundo se tornó negro de golpe. ¡Un bebé! Eso significaba que habría un cuarto integrante en la familia. O quizá tres. Quizá él ya no contaría para esa familia. Sí, él ya no contaba. Ni siquiera había nacido ese otro niño y ya le prestaban más atención que a él. Se le hizo un nudo en la garganta, sólo quería llorar y arrebujarse en su cama.
―Entonces, ¿ya no serás mi mamá? ―preguntó con temor.
―Tú siempre serás mí hijo ―fue la respuesta de Deni―. Sólo que ahora seremos tres. Tú, el bebé y yo. Cuatro con tú papá, pero para estas cosas él no cuenta ―lo último lo susurró como un secreto―. Ya tendrás con quien jugar ―continuó, entusiasmada―. ¿A que te encanta la idea?
―Sí. Creo que sí. ―No sabía que significado darle a lo que había dicho Deni.
Pero lo cierto es que Deni le mintió. No eran tres, sino sólo dos: Ella y su abultada barriga. Ya no le cocinaba rico como otras veces, no siempre lo llevaba a la escuela, teniendo que irse con la vecina. Los fines de semanas, tan amenos en el pasado, se convirtieron en esto último, en pasado. Muy pronto, el mundo de Deni giraba sólo en torno a su barriga. Una barriga que Ryan empezaba a odiar con todas sus fuerzas.
*****
Denia dio a luz un año después de la última aparición de Margarita. Ella y Román estaban en el hospital, felices por el bebé que había nacido. De modo que no escucharon, ni imaginaron, que Margarita había vuelto a emerger en el patio trasero, para consolar a su sollozante pequeño. Tampoco sabían que estaba furiosa con aquella madre postiza que se había atrevido a abandonar a su querido hijo.
Denia regresó a casa dos días después. Ryan corrió a su encuentro, ansioso por ver a su hermanito, por jugar con él y con Deni. Tenía la esperanza que una vez desaparecida la barriga, se iba a proceder tal como Deni había prometido: ella, el bebé y él. Pero Deni sólo le sonrió, su padre le dijo que no la molestara y que se fuera a hacer sus tareas. Ryan se fue, no a hacer tareas, a llorar a su cuarto.
Denia despertó sobresaltada y zarandeó a su marido hasta conseguir espabilarlo.
―¿Qué ocurre? ―dijo él, somnoliento―. ¿Es por el bebé?
―No ―respondió Denia, con el corazón encogido―. Escucha, creo que ha vuelto.
Y se echó a llorar. Román escuchó. También sintió miedo. Esa noche no eran risas. Esa noche era llanto y sollozos quedos. Estaban llorando. Afuera lloraban su difunta esposa y su pequeño Ryan. El bebé en la cuna de al lado también empezó a llorar.
―¿Por qué volvió? ―gritó una histérica Denia a la mañana siguiente―. Se supone que ya se había ido.
―N-n-no lo sé ―tartamudeó Román. Nunca había visto a Denia tan desencajada―. Voy a preguntárselo a Ryan. Él debe tener una respuesta lógica.
―¿Lógica? ―Denia estaba fuera de sí― ¿Existe acaso lógica en esto? ¿Es que es lógico que una mujer salga del infierno para venir a ver a su hijo?
―Margarita era una buena mujer ―dijo Román―. No creo que esté allí donde tú dices.
―¿Quién más la iba a dejar venir? Además, Max (así nombró al bebé) estuvo inconsolable anoche. La presencia de esa mujer le está afectando. No quiero que siga regresando.
―¿Y qué quieres que yo haga? Es un fantasma.
―Pues tendremos que razonar con ella ―decidió Denia.
Román se mesó los cabellos.
―Mejor descarta esa idea. La última vez caíste desmayada cuando ella te tocó. Pero creo que fue porque ella así lo quiso. Si quisiera, creo que podría matar. A ti, a mí, o a quien sea.
―Entonces tendremos que echarla. Un exorcismo o lo que sea. O mudarnos. Algo se debe poder hacer.
―No lo sé. No se me ocurre nada.
*****
Ryan escuchó la discusión de su padre con Deni desde su habitación. Todo le quedó claro en ese momento. Deni no quería a su madre, su padre no la quería. La consideraban un peligro. Querían deshacerse de ella. Pero Ryan necesitaba a su madre, era ella su consuelo, su alegría, era la única  no lo había abandonado.
Esa noche, como todas las noches que su madre le avisaba en sueños que le esperaba afuera, Ryan salió con pies ligeros al patio trasero. Allí le esperaba su madre, resplandeciente como una estrella, más hermosa que cuando estaba viva. Corrió a su encuentro y ella lo abrazó. De inmediato se sintió mejor.
Le contó lo que había escuchado. Lo que Deni y su padre querían hacer, porque a Deni le daba miedo y creía que le estaba haciendo algo malo al bebé.
―En ningún momento pensaron en mí ―dijo después―. Es como si yo ya no existiera para ellos.
―Oh mi amor, cómo lo lamento.
―Hablaron de mudarse si no se deshacían de ti de alguna manera. Yo no me quiero mudar. Tú ya me dijiste que no puedes seguirme allá a donde vaya, porque sólo puedes venir aquí.
La mujer, la amante madre se lo pensó bien antes de preguntar:
―¿Quieres que deje de venir?
El niño reunió coraje. Apretó los puños y habló con decisión.
―No, quiero que me lleves contigo.
―Pero, cariño, lo que me pides es algo cruel y doloroso.
―Más cruel y doloroso es estar donde no me quieren. Dejemos a ellos con su hijo. Sólo seamos tú y yo, madre.
La mujer resplandeciente sonrió. El temple de su hijo era impropio de su edad. Y quién sabe, quizá así tenía que ser.
*****
Los gritos despertaron a Román y a Denia. Eran gritos estridentes, gritos de dolor. Provenían del patio. Román se echó a correr en calzoncillos, Denia lo siguió con pasos de convaleciente. Sólo alcanzaron a ver dos siluetas plateadas que se hundían en la tierra: una grande y una pequeña. Y a la luz de las estrellas, el cuerpo inerte del pequeño Ryan.
Los que empezaron a gritar fueron ellos.
      Cuando se repusieron del dolor, tiempo después, su vida se tornó normal. Nunca nada extraño se volvió a oír procedente del patio trasero. Sin embargo, el pequeño Ryan dejó un vacío que jamás pudieron llenar. Además de un sentimiento de culpa. Tanto Román como Denia descubrieron que eran tan culpables de aquél trágico suceso como lo era la mujer resplandeciente como la plata.

3 comentarios:

  1. Un relato muy bueno, pero muy triste. Aunque quizás haya sido lo mejor para Ryan.

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    1. Todas las historias tienen matices diferentes. Esta tuvo un final poco espectacular, pero acorde a las necesidades del chico. Como bien decís, quizá era lo mejor para el pequeño, para no verse marginado en una familia cuya atención parecía haberse centrado en el nuevo integrante. Abrazos!

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  2. Muy buena,me gustó mucho,ésta y la parte 1...

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