Bienvenidos a mi tapiz de historias de terror. Acá iré publicando las historias que vaya escribiendo, pero desde ya os advierto que no publicaré en un día concreto. Los cuentos los subiré apenas los haya terminado y considere que son dignos de ser leídos. Así que no os desesperéis, porque la desesperación lleva a la desesperanza y la desesperanza al abandono. Así que ya sabéis!

Bienvenido y a leer!

29 de enero de 2017

Microcuentos de terror

    Si os gustan mis historias, no dejéis de seguirme en facebook. Podéis acceder haciendo clic en el siguiente enlace: Página de Facebook. En la respectiva página estaré publicando cuentos cortos como los que siguen, y creo en el blog sólo estaré publicando las historias más largas.


     Sin más que decir, los dejo para que lean.

     1) No era Broma

     ―Papá ―dijo el niño, apuntando con un dedo―. Hay un muerto bajo tus pies.
El padre dio un salto, horrorizado. Debajo no había nada, sólo tierra y césped.
―No bromees de esa manera, pequeño ―le reprendió el padre. Pero el niño seguía apuntando al suelo, temblando, casi a punto de echarse a llorar―. ¿Hablas en serio?
El niño asintió y salió corriendo.
El padre fue por una pala y escarbó. Encontró el cadáver. ¿Cómo lo había sabido el niño?
*****
Días más tarde, el padre regresaba de un ajetreado día de trabajo. Abrió la puerta de su casa y se encontró a su hijo en el recibidor. El niño gritó, horrorizado.
―Mi amor ¿qué tienes?
―Papá, ¡tú cabeza! ―el niño le señalaba la cabeza, horrorizado.
El padre se palpó la cabeza. Todo estaba en orden.
―¿Qué pasa con mi cabeza?
―No tienes cabeza.


2) Mamá

Su hijo yacía entre mortajas blancas. Su aspecto era el de alguien muerto hace poco. Demacrado, con los ojos hundidos y la piel amoratada. Su rostro estaba perlado de sangre.
La mujer lanzó un chillido de angustia.
―¡Nooo! ―Gritó.
El niño abrió los ojos. El dolor se reflejaba en sus pupilas negras.
¡Estaba vivo!
―¡Mamá! ―Chilló.
―¡Hijo! ¡Ya voy!
―¡Mamá!
Las mortajas empezaron a agitarse. Primero como si el viento las moviera, después, como si tuvieran vida propia. ¡Tenían vida propia! Lentamente empezaron a envolver al niño, a aprisionarlo. La mujer corría gritando, llorando desconsolada y aterrada, pero su hijo seguía a una distancia insalvable.
―¡Mamá! ―Volvió a gritar. Las mortajas casi terminaban de envolverlo. Sabía que cuando terminaran sería el fin―. ¡Mamá!
Las mortajas lo envolvieron y el demacrado rostro de su hijo desapareció.
La mujer se soltó a llorar y gritar.
*****
Despertó gritando y llorando. ¡Una pesadilla! Siguió llorando de alivio.
La puerta de la recámara estaba abierta. En el vano estaba de pie una figura pequeña. Por la oscuridad no distinguía sus facciones, pero sabía que era su hijo.
―Mamá ―dijo la sombra, como para confirmar.
―¡Hijo! ―La voz de la mujer estaba quebrada por el susto que había llevado, y por el alivio.
―Mamá.
―Ya voy cariño.
La mujer se levantó. Su hijo la llamaba.
Al otro lado de la cama, su esposo, que acaba de despertar, se apoyó en los codos.
―¿Qué haces, cariño? ―preguntó.
―Mi hijo me necesita. Está en la puerta, ¿no lo ves?
Su esposo la miró con preocupación.
―Cariño, enterramos a nuestro hijo hace tres días.
La mujer lo recordó todo de golpe. Sin embargo, la pequeña sombra seguía allí.
Y la llamaba.

3) Vagabundo

Encontré al hombre en un callejón oscuro, junto a unos contenedores de basura. Ya era de madrugada y todo estaba muy frío. La sangre del hombre todavía estaba caliente. Las tripas me rugieron por enésima vez. Hacía muchos días que no comía más que trozos de fruta podrida que iba encontrando en mi interminable deambular.
El hombre abrió los ojos cuando me arrodillé a su lado.
―¡Ayuda! ―musitó.
A la escasa luz de la luna, la sangre parecía negra. Tenía rajado el vientre y el olor a mierda predominaba en el lugar.
―Me atacaron ―continuó el hombre. Le costaba un mundo articular palabra―. Eran dos. Me robaron y… y… y me mataron.
El hombre tenía razón. Estaba muerto. Nadie sobrevivía a una herida como aquélla.
Mis tripas rugieron de nuevo.
―Tranquilo ―le dije.
El hombre fijó sus ojos acuosos en mi mirada. No miró el cuchillo con el que le seccioné el cuello. La sangre gorgoteó cuando empezó a manar.
Me aseguré de que estaba muerto.
Después saqué una bolsita de plástico y empecé a cortar. Mis tripas empezaron una fiesta en el estómago. La boca me empezó a salivar.
El hambre es canija. Y yo tenía muchos días sin comer.
Esa fue la primera vez que comí carne humana.

4 comentarios:

  1. Muy buenos todos,me asustaron,jaja...un saludo!

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  2. Eh! Pues que bien. De eso se trata, de daros un sustito. Saludos a ti también!

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  3. Si que me asustaron. Espero no tener pesadillas esta noche . saludos.

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  4. Cortos pero brutales, buenísimo

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