Bienvenidos a mi tapiz de historias de terror. Acá iré publicando las historias que vaya escribiendo, pero desde ya os advierto que no publicaré en un día concreto. Los cuentos los subiré apenas los haya terminado y considere que son dignos de ser leídos. Así que no os desesperéis, porque la desesperación lleva a la desesperanza y la desesperanza al abandono. Así que ya sabéis!

Bienvenido y a leer!

30 de diciembre de 2017

Historia por WhatsApp 42) Inundación (IV)




29 de diciembre de 2017

Susurros - Cuento corto

Niña, niña. La voz al principio es un susurro lejano, como un recuerdo de otra época. Niña, niña, ven, te estoy esperando.

La niña escucha con sobrecogimiento. El susurro le da miedo, al mismo tiempo que la hace evocar recuerdos felices de una época cercana en el tiempo, pero lejana en la memoria. Extraña combinación.

Niña, niña repite en un susurro.

La niña tiene la sensación de que es algo que ya ha vivido, la voz le parece conocida y pugna por encontrar el recuerdo que le revele su identidad.

¿Me recuerdas? Soy yo, y he venido por ti.

Poco a poco deja de ser susurro y se convierte en una voz fuerte, cercana. Imagina a algún ser grotesco arrastrándose por algún recoveco oscuro, y su miedo incrementa. Pero esa voz… es tan conocida, tan añorada.

19 de diciembre de 2017

Al apagarse la luz

Todos de niños hemos temido ese momento en el que las madres apagan la luz, ya sea tirando de la cadenita de la lámpara, presionando el botón del apagador o, simplemente soplando la llama de la vela o el candil. Luego están sus pasos alejándose en la oscuridad, y el sonido de la puerta al cerrarse. Nos quedamos en silencio, en la oscuridad. La vista acostumbrándose a la negrura empieza a distinguir contornos que se antojan de algún monstruo pesadillesco. Lo normal es cerrar los ojos, cubrirnos de pies a cabeza con la sábana y sumergirnos en el mundo incomprensible de los sueños.

La pregunta que me he hecho siempre es: ¿por qué tememos a la oscuridad?, ¿por qué creemos que en ella se oculta algo aterrador cuyo único propósito es llevarnos a su mundo de terror? Pero lo verdaderamente aterrador es que nadie nos enseña a temer a la oscuridad, o al menos yo no recuerdo a mi madre cantándome canciones de cuna sobre los horrores que alberga la noche oscura. Me pregunto si verdaderamente es algo aprendido o inherente a nuestra naturaleza. Porque si es inherente, es que el motivo del terror es real.

Quizá, sólo quizá, sí hay algo oscuro y malintencionado que viene con la oscuridad, con la diferencia que, aunque todos le tememos, sólo unos pocos son los desafortunados que llegan a presenciar al ser horrendo (o alguno de ellos) que tanto miedo nos causaron y siguen causando en la niñez.

12 de diciembre de 2017

Perseguido - Cuento corto

Estaba asustado, aterrado y aterido por el frío. ¿Quién diablos me manda ir hacia el norte? Debí haber tomado dirección sur, seguro por esos lares hasta los zombis eran menos agresivos. Quizá ahora mismo estuvieran asoleándose en alguna playa. Pero claro, tenía que ir hacia el norte, cruzando el país en busca de mi esposa. La muy zorra seguro estaba ahora a salvo en algún lugar cálido, en la cama de algún oficial de la Salvación, o quizá bien muerta. Pues que se pudra. Maldigo mi estrella.

Estoy en los límites septentrionales del país, acosado, perseguido. Iba en busca de un refugio en algún pueblo cercano. El día anterior empezó a nevar, y la capa blanca ya alcanza varios centímetros de grosor. Sé que si paso otra noche a la intemperie voy a morir. Hoy, hace algunas horas, tres zombis surgieron de la nada y empezaron a perseguirme. Y yo que creí que en este erial gélido no encontraría a ninguno de los muertos-vivos.

Llevan persiguiéndome largas horas. Es tarde, casi de noche, estoy agotado, pero no puedo dejarlos atrás. Son tres, y los tres se mueven rápido. Creo que están evolucionando (es la palabra que viene a mi mente), pues recuerdo que cuando empezaron eran lentos como tortugas, ahora en cambio, tienen la agilidad de una persona normal.

Me he detenido contra un árbol para recuperar el aliento. A pesar del esfuerzo físico, todavía siento el frío y el viento que me quema la piel. Miró atrás, entre los árboles deshojados del bosque; miro las huellas marcadas en la nieve y comprendo que los zombis me siguen guiándose por ellas. Dios, ¿en qué se están convirtiendo?

10 de diciembre de 2017

El Mago Desterrado (Capítulo 23)

Lee el capítulo anterior: CAPÍTULO 22
Frente a las playas de Variae
Cinco días después del desembarco de Marcial en Puerto Real, llegó el ejército de lord Byron Darcis. Para entonces lord Byron se encontraba de muy mal humor y refunfuñaba por todo. A sus lores y oficiales los regañó a voz en grito, Marcial nunca lo había visto tan molesto, y como castigo ordenó a todo el ejército mantenerse de pie una jornada completa bajo el ardiente sol.

—¿A qué no es tan difícil? —les gritó antes de dejarlos descansar—. ¿Qué os costaba sacrificaros un poco más durante la marcha?

Con los seis mil hombres de Isla Darcis se completaba el ejército de Brenfer. Eran cerca de cuarenta y cinco mil soldados; cuarenta mil de a pie y cinco mil jinetes, la décima parte de éstos eran caballeros.

Los cinco días que esperaron a los hombres de lord Byron, fueron tensos en extremo. Algunos señores eran partidarios de iniciar la invasión inmediatamente, sin contar con el pleno de las fuerzas, mientras que otros deseaban contar con todo el poderío para echarse a la mar. Marcial sólo quería regresar a la Base.

—No cometamos el mismo error que cometieron los afirenses —declaró lord Benson Imeck, señor de Puerto Imeck, la noche que el rey Crasio celebró un banquete para todos sus lores y almirantes, justo el día que Marcial desembarcó en Puerto Real—. No los subestimemos.

—Pues yo creo que deberíamos atacar ya —apuntó lord Alendrae Sambar, señor de Pueblo Viejo—. La derrota que los afirenses sufrieron fue a mano de los darganianos, quienes precisamente se encuentran ocupados pensando qué van a hacer con el resto del ejército afirense encerrado en su propio campamento. Me atrevo a asegurar que Darmón y Variae se encuentran indefensas. Tomaremos ambas islas antes de que el ejército en Dargan se de cuenta.

—Se oye muy bonito como lo dices —dijo con sarcasmo lord Benson—. Pero dudo que sea así.

—¿Y por qué no iba ser así?, ¿es que crees que Tres Minas tiene poderosos ejércitos guardando cada isla? —inquirió lord Alendrae, haciendo caso omiso al sarcasmo.

—Poderosos ejércitos, tal vez no, pero creo que quien ha infringido tal derrota al muy capaz ejército de Afiran, no dejaría sin protección parte de su patria.

La discusión había proseguido durante buena parte de la velada. Hasta que se llegó a un punto muerto. Fue el rey quien tuvo la última palabra en ese caso. Y Crasio Villareal hacía mucho que había dejado la audacia a un lado. 

8 de diciembre de 2017

Mascota - Cuento corto

La mascota de Emanuel era una perrita pitbull. Apenas era una cachorra. No tendría más de cuatro meses de edad, bueno, tal vez cinco. Él la había criado no para que fuera un guardián para su casa, sino para que sirviera de compañía a su solitaria vida. Y así fue desde que un amigo se la regaló.

Emanuel vivía sólo. Él era escritor por correo de una revista no muy popular del país, jamás le sobró dinero, pero tampoco le faltó qué llevar a la boca. La perrita, a quien llamó Ema, estaba siempre con él. A donde él iba, ella le seguía, y cómo no, si era la única consentida.

Emanuel, por lo general, se juntaba con algunos amigos los fines de semana, por lo general eran Edwin y Daniel. Los sábados era seguro que los tenía en la casa, para tomar unas cervezas, bueno, varias. Ema siempre estaba allí. Era la mascota querida de Emanuel, de manera que nunca la encadenaba o la encerraba en alguna sección de la casa. Ella siempre estaba allí.

El punto es que Edwin y Daniel no la soportaban. Era muy juguetona. Les llevaba los zapatos al patio, destrozaba sus calcetines, y no dejaba de mordisquear sus manos y pies, juguetona claro, pero ellos lo detestaban.

5 de diciembre de 2017

Extraña inquietud - Cuento corto

Soñé que discutía con mi esposa porque tenía un amante. Eso me enfureció y arremetí contra ambos cuando los descubrí. ¡En mi propia habitación! ¡Habíase visto tal desfachatez!

Vi todo por la rendija de la puerta entreabierta. Con furia bajé por la vieja espada que reposaba sobre la repisa de la chimenea, comprobé que seguía conservando el filo y fui a por ellos.

Entré a la habitación como un vendaval. La puerta, abierta de manera abrupta, chocó contra la pared y los amantes dieron un salto y un grito. ¡Cómo no! Se suponía que volvía de mi viaje hasta el siguiente día.

No les di tiempo para que reaccionaran. Creo que no llegaron a decir palabra. Arremetí con fiereza. Corté sábanas, colchón y carne sin distinción. Por último, les corté las cabezas, que sangrantes, rodaron en la alfombra. Una gran mancha roja se expandió allí donde se detuvieron.

Entonces miré a la puerta y vi a mis dos hijos, de cinco y siete años. Estaban aterrados, aún sujetaban sus ositos de peluche. Miré sus cabellos rojizos, más parecidos a los de la cabeza masculina sobre la alfombra que a los míos o los de la infiel. La ira ciega me embargó en esos instantes y me abalancé sobre ellos.

28 de noviembre de 2017

Durmiendo - Cuento corto

Desperté preso de un extraño temor. Un temor hondo que me caló hasta los huesos, corroyéndome el alma. Estaba rodeado de oscuridad, la oscuridad normal en mi habitación, con las luces apagadas y las ventanas cerradas a cal y canto.

Pero el miedo persistía. Traté de recordar si estaba soñando, puesto que el miedo que sentía era semejante al de cuando despiertas de una pesadilla, aunque no igual. Por más que forcé la memoria, no logré captar la reminiscencia de ningún mal sueño.

Entonces, ¿a qué se debía ese miedo?

La vista se fue acostumbrando a la oscuridad de la habitación. Vi el perfil del mueble con la televisión en el otro extremo; a la derecha estaba el escritorio con mi ordenador; y, a la izquierda, el armario ropero con la puerta del baño a un costado.

26 de noviembre de 2017

El Mago Desterrado (Capítulo 22)

Lee el capítulo anterior: CAPÍTULO 21
Orden Real
El correo había llegado por la mañana.

Era un joven sudoroso, montado sobre una yegua aún más sudorosa. El papel que le entregó a Rodny era una hoja amarilla, hecha rollito y sellada con el escudo de los Brown: un loro verde sobre cera azul.

Marian estaba presente cuando Rodny recibió al correo, e inmediatamente observó, ominosa, que ese papel le causaba un mal presentimiento. Rodny no era muy dado a ese tipo de cosas, pero por una vez, estuvo de acuerdo con su cuñada.

—Partí ayer a primera hora de Pueblo Browny —dijo el mensajero, aunque nadie se lo estaba preguntando—. Me ordenaron cabalgar día y noche, cambiando montura todas las veces que fuera necesario. Sin duda es un mensaje importante —concluyó.

—Lo mismo temo yo —susurró Marian.

Después de ofrecerle de comer al cansado mensajero, y ordenar que dieran agua y forraje a la montura, no menos cansada, Rodny y Marian abrieron el mensaje en el despacho.

A Ser Rodny Dorgan, Regente de Armizas

En nombre del Rey Nakar Doverick, ordeno a Ser Rodny Dorgan, Regente de Armizas, o quien en nombre de Lord Peter Dorgan ejerza la regencia del municipio, presentarse en Puerto Esthír con doscientos cincuenta hombres, para formar parte del ejército del Rey.

Presentarse en veinte días a partir de recibida la orden.

Lord Bride Brown
Señor de Valle Browny
Consejero Real

«Una orden Real. Doscientos cincuenta hombres. Para ir a la guerra sin lugar a dudas».

24 de noviembre de 2017

Soledad - Cuento corto

El odio es para la gran mayoría el peor sentimiento del mundo, pues destruye no sólo a la persona receptora, sino que trasciende, se exterioriza y daña a un incalculable número de individuos. La indiferencia, es para otros peor que el odio. La indiferencia ante la necesidad ajena, ante el prójimo, ante todo aquello que nos rodea. La rutina, dicen otros, pero esta la aceptamos como algo esencial en nuestro diario vivir.

Para mí, el peor sentimiento es la soledad. La soledad y la indiferencia. La soledad es mía, la indiferencia es cortesía del mundo. Pero la soledad no es sentimiento, dirán algunos, es una situación o un estado. La soledad está tan arraigada en mí que la considero un sentimiento. Es un sentimiento que detesto, que aborrezco con todas mis fuerzas, y ella sólo se aferra más a mí.

Mi nombre es Josué, y estoy solo. Perdí la movilidad de mis piernas algunos años atrás, en un trágico accidente. Mientras todavía tenía dinero del seguro no estuve tan solo, la soledad vino cuando se me acabó. Se alejaron mis amigos, uno de ellos se llevó a mi novia, y el único hermano que tengo, está tan ocupado dirigiendo su empresa que tampoco se acuerda de mí. Creo que le repugno.

Ahora vivo en una casita sucia y de una sola planta en los barrios bajos de la ciudad y vivo del mezquino subsidio del gobierno, que apenas alcanza para sobrevivir. Hace ya tres años que vivo aquí, y he estado solo cada maldito segundo, una soledad abrumadora, que sobrecoge el alma y me encoge el corazón en un puño. ¿Quieren saber que es el sufrimiento?, pues experimenten la soledad en su más puro estado.