Bienvenidos a mi tapiz de historias de terror. Acá iré publicando las historias que vaya escribiendo, pero desde ya os advierto que no publicaré en un día concreto. Los cuentos los subiré apenas los haya terminado y considere que son dignos de ser leídos. Así que no os desesperéis, porque la desesperación lleva a la desesperanza y la desesperanza al abandono. Así que ya sabéis!

Bienvenido y a leer!

5 de mayo de 2016

El joven viajero


La casa de los Ryder era una mansión antigua, grande e intimidante; aunque hermosa en cierta manera. Y tras la muerte de sus dos propietarios tres años atrás, todos pensaron que los tres hijos la venderían al primero que hiciera una oferta y se mudarían a otro sitio. De modo que todos se sorprendieron, desde el alcalde del pueblo, hasta el enterrador del cementerio, que los tres muchachos declararan su firme intención de conservar la casa y los negocios de sus difuntos padres.
Porque era bien sabido que los señores Ryder no eran los primeros en morir de forma antinatural en aquella casa. Pero esa es otra historia, y sería alargar demasiado lo que os quiero contar. De manera que mejor entremos en lo que nos incumbe.
Jessie Ryder era la mayor de los vástagos, ahora tenía veintitrés años, y los jóvenes del pueblo la consideraban una mujer a tener en cuenta a la hora de matrimoniarse. Pero por la que la mayoría moría era por la menor de las hembras. Se llamaba Mishell, recién había cumplido los veinte años y era considerada una beldad en el pueblo. El menor se llamaba José, y aunque su nombre era más tosco que el de sus hermanas, también era un muchacho muy agraciado, y no eran pocas las jovencitas que soñaban en convertirse en la señora Ryder, aunque eso supusiera vivir en la vieja e intimidante mansión. José hacía no mucho que había cumplido la mayoría de edad.
A pesar de ser personas de gran belleza física, también se les consideraba raros, especialmente por los adultos, quienes no se dejaban engañar tan fácilmente por un rostro bonito. Esta rareza se reflejaba en el poco trato con la gente del lugar, en su proceder huraño y en su poca hospitalidad. Jamás habían consentido en ceder la mansión para alguna fiesta de la localidad, ni se habían asomado a fiesta alguna. Ni que decir del viajero que necesitaba un lugar donde pasar la noche, sencillamente le cerraban la puerta en la nariz.
Y la gente, lentamente, empezó a poner historias misteriosas a estas maneras de proceder. Pero por supuesto, todos eran rumores inventados. Los Ryder eran, en pocas palabras, personas que gustaban de su privacidad y de la ociosidad en su mansión.
Pero los rumores pueden ser peligrosos, fue lo que empezó a repetir frecuentemente la mayor de los Ryder.
─Tenemos que ser más sociables ─dijo una noche de otoño, a mitad de la cena.
Mishell y José no dijeron nada. Se miraron de manera significativa, así durante largos minutos, casi sin moverse ni parpadear, y asintieron al fin. Pensaban en las historias, muchas de ellas ciertas, que habían escuchado durante los años de sus cortas vidas. Sí. Lo sabían. Conductas extrañas llevaban a la desconfianza de la comuna, y la desconfianza llevaba al temor, y muchas veces ese temor, infundado en la mayoría de los casos, llevaba a la gente a cometer toda clase de locuras. La quema de los implicados no era la mayor de todas. De manera que, aunque no les agradaba la perspectiva de socializar con la gente del lugar, la perspectiva de acabar en la hoguera les era aún menos halagadora.
Pasados algunos días, pensando aún en la manera de acometer su nuevo estilo de vida, alguien llamó con la aldaba a la puerta de la mansión. Fue un solo golpe, fuerte y repentino, y los tres hermanos dieron un respingo, alarmados. Afuera la lluvia caía, no torrencial pero sí pertinaz, y los relámpagos hendían la noche periódicamente. ¿Quién podía llamar a la puerta a esas horas de la noche, bajo la lluvia?
Un rayo iluminó los cristales de la ventana, y el trueno se oyó tres segundos después. Acto seguido volvieron a llamar a la puerta. Pero aquel llamado les ponía la carne de gallina, sentían temor, y no sabían ni por qué.
Llamaron una tercera vez y decidieron ir juntos.
Jessie, la mayor, manipuló el picaporte y entreabrió la puerta. En el umbral había un joven, con el cabello pegado al rostro y una alforja al hombro. Pese a la tenue luz que lo alumbraba, ninguno de los Ryder dejó de observar, y que pese a estar mojado como un pollo, era un muchacho de buen porte y muy guapo.
─Buenas noches ─saludó, apartándose un mechón que tenía pegado a la frente. Ninguno de los Ryder contestó, embobados como estaban, observándolo─. Soy un joven que está de paso, pero la lluvia me atrapó a mitad de camino, y no pido más que un trecho de vuestro piso para pasar la noche.
Eh allí la oportunidad de empezar a socializar.
Lo invitaron a pasar, mostrándose amables y atentos, quizá más de lo que habían planeado en un principio.
Una hora más tarde, el joven se encontraba seco y calientito. Mishell había conseguido unos pantalones y una camisa a su medida, mientras José avivaba el fuego de la chimenea y Jessie preparaba chocolate en el hogar. Pocos visitantes han sido recibidos con tanta delicadeza como lo fue aquel joven, que en ningún momento dejó de notar que sus anfitriones lo miraban más de lo debido.
Tras la primera taza de chocolate vino una segunda, y después un cuenco de sopa de puerros y setas con trozos de carne de cordero, ideales para calentar en una noche fría como aquella. Fue hasta entonces que los Ryder dieron sus nombres y preguntaron el suyo al visitante.
─Nuram Wells ─se presentó el joven, que besó con gran delicadeza los dorsos de las manos de las muchachas y dio un fuerte apretón de manos a José, que durante un segundo se pasó la mano allí donde Nuram lo había apretado, así como las jóvenes se acariciaron donde los labios del joven les había rozado.
─Y qué lleva al señor Wells a pasear por nuestra comarca ─preguntó Jessie, que era la mayor, y como hermana mayor era a quien le correspondía llevar la voz cantante.
─Nuram, para mis nobles anfitriones ─dijo el joven Wells, educado, antes de llevarse una cucharada de sopa y sorber con toda la educación del mundo. Y hasta su forma de sorber era refinada. Los Ryder se dieron cuenta que no debía de ser de por allí, no solo por sus modales, exquisitos hasta ese momento, sino también por el tono de su voz, claro y cautivador, pronunciaba todas las letras a la perfección y aunque hablaba a los tres, cada uno sentía que las palabras iban dirigidas sólo a uno─. Solo voy de paso ─dijo, respondiendo a la pregunta de Jessie─. Soy un enamorado de los viajes y de los caminos. Soy de muy lejos, y desde hace mucho voy de pueblo en pueblo, de país en país, viajando y conociendo, disfrutando y a veces sufriendo, pero siempre moviéndome.
─Suena encantador ─dijo Mishell, y su tono no le envidiaba nada al de una chica enamorada que escucha embelesada a su enamorado.
─Es muy cierto que me encantaría acompañarte ─dijo José.
Hasta él mismo se sorprendió de lo que había dicho. Pero era cierto que las palabras de Nuram habían despertado en él el deseo de viajar, más si lo hacía en compañía de tan galante joven.
─Cualquiera de vuestras presencias sería un cambio agradable a mi rutina ─dijo Nuram. Y cada uno de los Ryder sintió que era una invitación a acompañarlo.
Es increíble que nadie quisiera ahondar más en el motivo de su nomadismo para decidir acompañarlo. Hacía poco más de una hora que lo conocían, pero si en ese momento se hubiese marchado invitándolos a acompañarlo, ninguno de los Ryder hubiese dudado en seguirlo.
Nuram comía con parsimonia, los seis ojos de los Ryder clavados en él. Aun así parecía no notarlos, o los notaba pero estaba acostumbrado a ello. La mayor tenía entre sus manos de cocinera una taza de chocolate, aún humeante, pero que parecía no notar. Sus ojos y atención estaban en Nuram, cuyo cabello, ahora seco, era negro y sedoso, y Jessie fantaseaba con tocarlo. En un segundo de desatino vio que Mishell, y asimismo José, también observaban como embobados al visitante, y por alguna extraña razón aquello molestó a Jessie, sintió los, hasta ese momento desconocidos para ella, famosos celos.
Nuram terminó su sopa y dio un suspiro de complacencia.
─¿Os gustó? ─preguntó Jessie, impaciente.
─Estuvo deliciosa ─contestó Nuram, mirándola a los ojos. En esos momentos Jessie supo que podía cocinar para él toda la vida, sólo por esas dos palabras.
─¡Y tengo más! ─dijo Jessie, bastante efusiva.
Mishell, que miraba la escena sin decir palabra, sintió la rabia reverberar. Jessie no era así, ni efusiva, ni cariñosa, ni servicial. Mishell presentía que allí había algo más. Y la rabia se hizo más profunda, incluso escondió las manos debajo de la mesa, para ocultar que las empuñaba nerviosamente. Su querida hermana mayor pretendía agradar a Nuram, le estaba coqueteando a su modo.
─Creo que por esta noche Nuram preferiría irse a dormir ─intervino José, antes de que el joven viajero respondiera─. ¿No es así, Nuram?
─Sí ─respondió Nuram─. Si me cedéis un rincón donde dormir, me consideraré afortunado.
José le sonrió. Una sonrisa harto significativa dedicada sólo al invitado.
─Hay una habitación libre junto a la mía ─dijo, poniéndose de pie e invitando a Nuram a hacer lo mismo─. Sé que será de tu agrado.
─Desde luego que sí ─respondió Nuram, que lo siguió tras despedirse muy afablemente de las dos hermanas.
Éstas vieron a los dos jóvenes salir como pasmadas. José salió agitando las caderas más de lo normal, y a ninguna se le escapó la mirada maliciosa que Nuram les lanzó mientras seguía a su hermano. En un primer momento sintieron repulsión, y un escalofrío estremeció sus cuerpos. Pero después sintieron celos, e interiormente decidieron que vigilarían esa noche las habitaciones de los dos muchachos.
José acompañó a Nuram hasta su habitación. Estaba muy nervioso, excitado, y también tenía miedo. En su interior se libraba una batalla entre lo que siempre había creído ser y aquél nuevo yo que pugnaba por salir, y que la presencia del misterioso y atractivo Nuram había sublevado. Le enseñó la habitación, la cómoda, la mesa y sus sillas y el armario, sin saber bien por qué, cuando era más que obvio que al visitante sólo le interesaba la cama, para dormir y para…
─Imagino que estarás cansado ─dijo, reprimiendo las ideas pecaminosas que venían a su mente─. Será mejor que duermas un poco, si quieres proseguir tu viaje mañana.
─Desde luego ─dijo Nuram, sentándose en el borde de la cama. Con la palma abierta acarició una parte del colchón y durante un momento José deseó que aquella mano lo acariciara a él─. Dormir es una excelente idea. Aunque…
─Buenas noches ─cortó José, que de alguna forma sabía lo que Nuram iba a decir. Salió de la habitación a toda prisa, antes de que ese nuevo yo tomara el mando de la situación. Tras él percibió una sonrisa maliciosa y unos ojos chispeantes y divertidos, pero no volvió el rostro. Fue a su habitación entre turbado, frustrado y enojado consigo mismo por ser tan cobarde. Nuram lo iba a invitar a que se quedara con él, pero le había entrado miedo. Al final, tras echarse en la cama, supo que había obrado con buen juicio, aquella nueva faceta suya era demasiado repentina, debía pensar en ello.

Jessie y Mishell, tras abandonar la cocina, habían fingido ir a sus respectivos dormitorios, pero antes de entrar dieron media vuelta y fueron a vigilar el pasillo en el que quedaban las habitaciones contiguas de Nuram y José. Cada una había ocupado un extremo del pasillo, invisibles la una de la otra.
Cuando vieron salir a José, apresurado, y tan solo cinco minutos después de haber entrado, ambas suspiraron al unísono, aliviadas. En cinco minutos era imposible que sucediera nada, sin duda Nuram lo había rechazado. Bien por el imbécil de su hermano, tan machito que parecía y resultaba ser todo lo contrario.
La más rápida en decidirse fue Mishell, la veinteañera. Salió de su escondite a toda prisa, y se plantó frente a la puerta del cuarto de Nuram. Jessie maldijo para sus adentros a la vez que rechinaba los dientes con rabia. La muy bastarda le había ganado por la mano.
Mishell se alisó la falda, mientras, dubitativa pensaba en la mejor manera de proceder. ¿Llamaba con educación o entraba sin preámbulos? Lo que era cierto es que deseaba a aquel hombre y, ella estaba segura, él también estaba prendado de ella. De manera que cogió valor y entró sin llamar.
Nuram estaba sentado en el borde de la cama, en una postura despreocupada, casi como si la estuviese esperando. Y así era en efecto. No relataré lo que sucedió en la hora siguiente. Sólo diré que hubo besos, abrazos, caricias, gemidos, copulación y no pocos orgasmos, sangre inclusive, porque la veinteañera era virgen. Cuando Mishell abandonó la habitación, aunque dolorida y con el cabello revuelto, era la mujer más feliz del mundo, y sabía con certeza que sería capaz de cualquier cosa por ese hombre. ¡Cualquier cosa!
Los celos carcomían por dentro a Jessie, que agazapada en una esquina del pasillo había permanecido todo el rato escuchando. Sentía rabia porque la impúdica de su hermana se le hubiese entregado así a aquel desconocido. También se sentía frustrada por no haber tenido el valor de ir ella primero. Y se sentía decepcionada porque las palabras y gestos de Nuram habían dejado entrever que quien le gustaba era ella. ¡Eso era! Nuram era hombre, y ningún hombre que se precie rechazaría a una mujer hermosa como lo era su hermana. La había tomado, sí, pero seguro que a quien quería era a ella. Eso era. Aún había una posibilidad. Así que esperó que Mishell desapareciera por el pasillo y caminó decidida hasta la habitación del joven viajero.
Por supuesto, Nuram tampoco la rechazó a ella. Le dijo que la amaba mientras le hacía el amor, y que con gusto se quedaba con ella para toda la vida. Era todo lo que Jessie anhelaba oír. Y se decidió a actuar. Lo quería para ella sola, pero mientras Mishell y José permanecieran en la casa, el riesgo de que le coquetearan y se lo quitaran era muy grande.
Bajó a la cocina, haciendo de pies puntillas, su mente trabajando muy rápido sobre cómo deshacerse de sus molestos hermanos. El cuchillo que utilizaba para cortar la carne, ¡sí!, ese siempre tenía filo y los atravesaría de parte a parte. Los mataría y Nuram sería solo para ella.
Un fuerte impacto la recibió en la cocina. Su mundo se tornó oscuro y sintió que caía.
─¡Perra! ─oyó que decía una voz. ¿Era la voz de Mishell?─ Conque quitándome lo que es mío, ¿no?
Luego sintió otro golpe sordo, y el dolor le recorrió el cuerpo como un rayo. Después otro más. El cuarto casi ni lo sintió y jamás supo si hubo quinto o más.
Cuando José alcanzó a intervenir, el cuerpo de Jessie era un amasijo de carne, huesos rotos y sangre. Amasijo que Mishell seguía golpeando con rabia. José le quitó el garrote que utilizaba como arma y la abrazó. Mishell se echó a llorar sobre su hombro, entre balbuceos de que la perra de su hermana le quería quitar lo que era suyo.
─Además ─alcanzó a decir, por último, algo más calma─, ella pretendía asesinarme, lo sé.
José suspiró, y deslizó una mano en su bolsillo.
─¡Las cosas que se hacen por un hombre! ─volvió a suspirar.
Extrajo una navaja y le rajó el cuello a Mishell que se desangró sobre su hombro.
Nuram observaba todo desde el pasillo. Una sonrisa de complacencia bailoteaba en sus labios, y sus ojos brillaban, malévolos.
José le sonrió, feliz. Lo había hecho todo por él. Tiró a un lado el cuerpo de su hermana y avanzó sonriente hacia su amado. Pero… su amado desaparecía. Cuando llegó hasta él, o donde tendría que haber estado él, no había nada. Nuram había desaparecido.
Durante los minutos siguientes recorrió como loco la casa, buscando al joven viajero, y comprendiendo a pasos agigantados lo que en realidad había ocurrido. Cuando la búsqueda infructuosa terminó, José era un manojo de nervios, dolor, miedo y arrepentimiento.
Lo encontraron muerto en el patio a la mañana siguiente. Tenía los huesos rotos, por lo que los vecinos aseguraban que se había suicidado tirándose del tejado de la mansión. Aunque en realidad, todo quedaba en misterio. Y la muerte siniestra de los hermanos Ryder pasó a ser otra de las muchas historias sobrenaturales que se contaban de aquella casa.

6 comentarios:

  1. Pobres hermanos Ryder, todo lo que hicieron por un extraño y misterioso visitante al que ni si quiera conocieron en realidad, porque ni siquiera supieron si era humano. Vaya, es bastante raro este personaje, justo cuando los hermanos quisieron cambiar y ser mas sociables... Pero al menos cambiaron su forma de ser, aunque haya sido con la persona equivocada. Les hubiese salido mejor seguir como estaban, sin socializar mucho ni relacionarse. Al final, ese tal Nuram fue la manzana de la discordia para esa familia, mira que hasta Jose quiso estar con Nuram. Una espléndida, interesante y aterradora historia amigo. No se sabe quien es quien hasta el final. ¡Espero la próxima historia!. ¡Saludos desde Venezuela!

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    1. Jeje, gracias amigo, quise agregar todos esos detalles que tú mencionas para hacer más interesante la historia. Al final, ni yo sé bien quién era ese tal Nuram. Quizá todo ocurre muy rápido, pero en un cuento no puedes entrar en muchos detalles ni dilatar tanto la trama. Saludos, Ongie!

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    2. Hola yo soy Nuram. Jejeje felicitaciones excelente historia como siempre

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  2. Jaja. Vuelves locas a hombres y mujeres.

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  3. Nuram es la entidad que protege la integridad de la mansión!

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    1. Mmm, más bien creo que es algún ente que va por allí causando estragos con su poder de atracción sobrehumana.

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