Bienvenidos a mi tapiz de historias de terror. Acá iré publicando las historias que vaya escribiendo, pero desde ya os advierto que no publicaré en un día concreto. Los cuentos los subiré apenas los haya terminado y considere que son dignos de ser leídos. Así que no os desesperéis, porque la desesperación lleva a la desesperanza y la desesperanza al abandono. Así que ya sabéis!

Bienvenido y a leer!

21 de enero de 2015

El pozo del terror


Algunos tienen sueños acerca de monstruos demoníacos; otros sueñan con los universos y seres de allende nuestro sistema solar; otros son perseguidos por fantasiosos mundos de ensueño o locura; o monstruos que aún no se han visto ni en el cine, pero, ¿habíais oído de alguien a quien atormente “un pozo”? ¿No? Pues bien, yo soy perseguido por un pozo.
Pero no es un pozo cualquiera, eso lo puedo asegurar con cada célula de mí ser. Es un pozo de terror, hogar de algún monstruo indescriptible, o quizá portal del inframundo a nuestro querido manto superior. No tengo más que conjeturas sobre su esencia y lo que es, pero de algo sí estoy seguro, y es que está en este mundo para atormentar a las almas solitarias como la mía y para llevarnos a alguna especie de averno.
¡Ay, pobre de mí! Quién podrá salvarme de su persecución tenaz y del tormento a que ha sometido a mi cada vez más débil alma. Ahora estoy aquí, en el desván de la casa, el lugar más alto que pude hallar para esconderme. Consideré por un momento subir al tejado o al enorme roble que hay detrás de la casa, pero agradezco no haberlo hecho, pues temo que hace ratos habría caído a causa de los temblores que azotan mi cuerpo. Tengo miedo, mucho miedo; dudo que exista en el mundo alguien que haya sentido siquiera la mitad del miedo que siente mi desdichada alma en estos momentos en que veo tan cerca mi fin.
Cubro mis rodillas con mis temblorosos brazos y rezo pidiendo misericordia al Creador. Pero, o no me oye o no me hace caso, pues, a través de la única ventana que hay en mi escondite, veo un oscuro agujero en los límites del bosque. El pozo en cuestión tiene medio metro de antepecho, hecho de ladrillos rojos, sucios y llenos de musgo. Cuatro postes de madera se alzan a los lados y sostienen la estructura de un techo de tejas igualmente rojas. El pozo en sí, no aparenta más que algo viejo y olvidado, pero yo que conozco los horrores que guarda sé que es un lugar de horror y pesadilla.
Poco a poco se está acercando a la casa, avanza ora un centímetro, ora medio metro. Sé que viene por mí. No le debe haber gustado que me tuvo entre sus fauces y me haya escapado. Quizá se arrepienta por haber jugado conmigo, porque estoy seguro que era eso lo que hacía, de otra forma no estaría ahora yo aquí.
Maldigo el día que compré esta casa, y maldigo más la maldita idea de haberme adentrado al bosquecillo que la rodea. No sé qué se me metió en la cabeza, a mí, que siempre he sido amante de los animales, para que decidiera poner trampas para cazar conejos en el bosque. Quizá fue la misma fatalidad quien lo dispuso así. Fue en una de estas correrías que descubrí el viejo pozo. No sé qué hacía un pozo en medio del bosque, ni quién pudo haberlo construido. Apenas lo vi sentí un morboso deseo por acercarme, admirarlo y averiguar si en su interior había agua.
Recuerdo que me acerqué con cautela y me puse a acariciar su brocal y a asomar la cabeza para ver en su interior. Allá abajo estaba oscuro, más aún por el bosque y el techo de tejas que lo privaban casi de toda luz. Quizá si en ese momento hubiera desandado mis pasos nada hubiera pasado, pero no lo hice, sino todo lo contrario, busqué algunas chinas que se miraban en el suelo y empecé a arrojarlas al interior para verificar si allá abajo había agua.
La primera piedra no tardó en golpear la superficie del agua, produciendo un leve chapoteo que ascendió limpiamente hasta mí. Lancé una segunda piedra y quedé consternado cuando ésta no chapoteó, sino que produjo un sonido bofo, como si hubiera golpeado algo blando y esponjoso. Intrigado por aquel sonido tiré una tercera piedra; ésta no produjo sonido alguno. Aún no me recuperaba de la sorpresa cuando del pozo brotó una ráfaga de viento, hedionda, como si el pozo mismo me hubiera lanzado su aliento putrefacto. No recuerdo cómo sucedió, sólo recuerdo que caía y caía, hasta que me hundí en un agua viscosa y maloliente.
Tardé cinco segundos en comprender lo que ocurría: ¡había caído al interior del pozo! El terror vino a mí y empecé a gritar como un poseso a la vez que chapoteaba y arañaba la lisa pared de lodo. No recuerdo bien cuánto grité ni cuantos arañazos lancé a la pared, sólo recuerdo que me calmé cuando se me cansó la garganta junto con los brazos. El cansancio trajo a mí algo de calma y en lugar de garganta y brazos empecé a usar mi cerebro para encontrar una solución.
Sin duda alguna había caído muy bajo. Arriba apenas atisbaba algo de claridad, lo que hacía que me preguntara por qué no había sentido dolor al chocar contra aquella agua infecta y viscosa. Abajo todo era oscuridad; pasé varias veces mi mano frente a mi rostro y apenas si tuve un atisbo de ella.
«Bien, caíste en un pozo, querido Peter —me dije—. No es el fin del mundo». Traté de convencerme de ello, en especial porque recordé que Ricky, un amigo de correrías, vagabundeaba también por el bosque, supervisando las trampas que con tanto esmero colocábamos. Sí, más temprano que tarde se daría cuenta de mi ausencia y me buscaría. De modo que gritar quizá no era tan mala idea; en su búsqueda quizá pasara cerca del pozo y me oyera. Y así lo hice, grité fuerte, pero a intervalos regulares para no cansarme.
Mientras esperaba a mi rescatador, traté de idear una forma de salir por mis propios medios. Busqué escalones, nada; alguna cuerda, con la que sacaban agua antiguamente, y tampoco nada. Resolví que la única forma de salir de allí era que me rescataran, de lo contrario perecería sin remedio.
Cuando se está en una situación así, creedlo, la imaginación vuela. Y la mía voló. Primero recordé los extraños ruidos de las tres chinas que lancé, después la vaharada de aliento putrefacto que el pozo me arrojó y que fue la causante de que hubiera caído. E inmediatamente mi mente se puso a imaginar las causas de tan extraños sucesos. Basta decir que al final temblaba por los horrores que imaginaba habían bajo mí.
¡Cuánto daría para que de verdad todo hubiera sido mi imaginación!
Lo primero de todo fue el roce suave y leve de algo viscoso en la planta de mis pies. Grité sobresaltado y encogí las piernas. El segundo roce se produjo un minuto después y el más absoluto terror empezó a apoderarse de mí. Imaginé un par de tentáculos, sondeándome allá abajo, y tal visión me produjo tal estremecimiento de terror que creí que jamás dejaría de temblar. Terminaba de temblar cuando algo atrapó uno de mis tobillos y me tiró hacia abajo. El agua putrefacta y viscosa entró por mi boca al ser arrastrado hacia el fondo. Afortunadamente atrapé lo que se me había enroscado, algo blando y gelatinoso, y logré deshacer el agarre. Emergí de nuevo a la superficie tosiendo y dando bocanadas.
—¿Peter? —Oí una voz—. ¿Estás ahí?
Tardé un instante en reaccionar.
—¿Ricky? ¿Eres tú?
—Sí. ¿Pero qué demonios haces allí abajo?
—Sácame de aquí, rápido. Hay algo feo acá abajo.
—Pues yo no veo nada.
—¿Y qué vas a ver si acá está todo oscuro?
—Ni tanto.
Nuevamente mi pulpo imaginario me rozó las piernas. Grité aterrado y pataleé frenéticamente buscando no ser atrapado de nuevo.
—Hey, cálmate, que ya voy.
Una cuerda descendió y yo la cogí como si mi vida dependiera de ello. Aunque creo que así era. No sin grandes esfuerzos mi amigo logró llevarme a la superficie. Respiré aliviado y lo atolondré con tantas palabras de gratitud y con la historia de lo que me había sucedido allá abajo que terminó pidiéndome calma.
—Calma, no te sulfures —me dijo—. Tampoco es para tanto. No pueden ser más de cuatro metros.
—¿Cuatro metros dices? Claro que no. Son por lo menos quince.
Fue en ese momento cuando vi la cuerda con la que mi amigo me había rescatado. ¡La cuerda no mediría más de seis metros! Me precipité al brocal del pozo y ahogué un gemido cuando, pocos metros más abajo, vi agua cristalina y perfectamente visible a pesar del techo de tejas.
—¿Ves? Así que no intentes tomarme el pelo. —Ricky se había asomado también al pozo y me miraba con condescendencia.
Agité la cabeza incrédulo. Y ya regresábamos a casa cuando eché una última ojeada al pozo: un tentáculo negro y enorme se agitaba como una flámula de terror.

Fue ese día que empezó todo mi horror. Mis sueños empezaron a poblarse de enormes calamares de tentáculos negros que brotaban del pozo, y en cada uno de ellos, yo era muerto hundiéndome en las profundidades de aquel pozo de horror.
Lo más terrible ocurrió cuando a la semana siguiente encontré el pozo en medio del camino cuando regresaba del pueblo. Tuve que tirarme por entre el monte para dar un rodeo y llegar a casa, transpirando y presa del más absoluto pavor.
Le conté a Ricky lo que estaba ocurriendo, pero mi amigo se rió, y cuando vio que no era broma me dijo que me encontraba mal y que me apoyara con un profesional de la mente. La rabia me embargó, le grité, lo eché de mala manera de la casa y dije que no quería volver a verlo nunca más porque yo no estaba loco.
Y no lo estaba, ni lo estoy. Estoy más cuerdo que nunca. Pero cuando eres perseguido por tan grande horror, los nervios se crispan y no se haya sosiego de manera alguna.
Mis noches de sueño se tornaron en tormento. Mis contadas visitas al pueblo se fueron espaciando cada vez más porque siempre que salía, a mi regreso encontraba al pozo plantado en el camino. Además, Ricky, preocupado por mí, y también de forma inocente, dejó caer por aquí y por allá indicios de lo que me ocurría. Como imaginarán no tuvieron que pasar muchos días para que empezaran a señalarme y a decir que estaba loco.
¡Pero no lo estoy!
El pozo del terror está ahí fuera, lo sé. Lo veo desde la ventana de mi escondrijo. Es la primera vez que llega tan cerca de la casa. Sé que viene a por mí y sé que esta vez no cejará en su empeño hasta arrastrarme a los insondables abismos a los que se conecta. ¿Cómo lo sé? No tengo idea. Pero lo presiento. Por eso estoy aquí, en el ático, lo más lejos posible del suelo y del área de influencia de ese portal del terror.
Durante toda la mañana he estado intentando escabullirme de la casa para nunca más volver. A veces pienso que el pozo sabe que si esta vez dejo la casa no volveré nunca y quizá por ello me bloquea el camino, sin importar la dirección que pueda tomar. ¡No está dispuesto a dejar que me escape! Traté de escapar por el bosque, pero el pozo se apareció frente a mí y los enormes tentáculos negros brotaron y se agitaron intentando cogerme. Cuando más tarde cogí el camino, se volvió a plantar frente a mí. Y cuando intenté subir las colinas que hay detrás de la casa, no importándome el rodeo que tuviera que dar para llegar al pueblo, el pozo apareció justo en la cima de una y sus tentáculos ondeaban como banderas de conquista.
Desde entonces estoy aquí. Temblando de horror, muriendo de miedo, vislumbrado la forma horrible y monstruosa en la que voy a morir y fantaseando con que una persona avezada en estas cosas venga a rescatarme.
Pero de momento no ocurre nada. El pozo está allí afuera, acercándose, lenta pero notoriamente. Me encojo de miedo. Tengo conmigo una daga y un revólver. No sé si disparar a mí cabeza o cortarme las venas o intentar escapar una última vez. Sí, creo que eso haré. Saldré por la puerta trasera y correré lo más rápido que mis piernas lo permitan. Si el pozo vuelve a aparecer frente a mí, me volaré los sesos.
Ya he tomado una decisión. Me pongo de pie, pero… Alto, una camioneta acaba de aparcar frente a la casa, a no más de diez metros del maldito pozo. De la camioneta bajan siete personas, todas vestidas de blanco. ¿Qué demonios ocurre? Los hombres se encaminan a la puerta de mi casa. Pero qué ciegos están, ¿es que no ven el tentáculo que se balanceaba a un lado?
¡Demonios! ¡Ya entendí!
El maldito pozo sólo debe ser visible para mí. Con razón muchos me han considerado loco. El maldito pozo me la ha jugado muy bien. Me aterroriza hasta el extremo y ni siquiera se hace visible para los demás.
Oigo que los hombres aporrean la puerta. Se oye un estrépito: la han tirado. Comprendo. Vienen por mí porque me consideran loco. Quizá sea lo mejor, quizá encerrado en un cuarto acolchado el pozo no me moleste. Sí. Dejaré que me lleven. Me observarán durante un tiempo y cuando me consideren cuerdo me dejarán en paz y seré libre de marcharme. Sí. Estaré lejos del pozo y podré mudarme al otro lado del país.
Escondí las armas para que no me consideren peligroso y me entregué voluntariamente cuando llegaron al ático. Me dicen que me llevan a un lugar tranquilo, en el que estaré seguro y a salvo. Ojalá sea así.
Salimos por la puerta saltada de sus goznes. La camioneta está allí, y el pozo a su derecha. El tentáculo sigue ondeando, pero no hace nada más. Abren la puerta de atrás, pongo un pie en el piso de la camioneta, voy a subir el otro y… ¡oh, horror! Algo me ha sujetado de un tobillo. Con horror vuelvo la vista al pozo y veo una decena de negros tentáculos que empiezan a hacerme su presa. Grito. Los doctores también. Por fin han visto al pozo y el horror que de éste emerge. Gritan que tenía razón, que no estoy loco e intentan apartar los tentáculos de mí, pero todo esfuerzo es inútil.
¡Dios Santo! ¡Voy a morir!
Pronto me veo envuelto en tentáculos negros que me halan, me arrastran… intentó hacer agarre de cualquier cosa, pero es imposible. Las manos de los doctores no me detienen. Hinco las uñas en la tierra, pero solo las desangro.
¡El último doctor me ha soltado!
¡Oh Dios, protégeme!

5 comentarios:

  1. Oh cielos pobre tipo, que historia. Es increíble como un pozo puede llegar a ser tan peligroso, buena idea los doctores ahora será los tildados de locos por no haber creído en lo que decía el hombre. Espero tener cuidado cuando ea un pozo en una ubicación rara. Gran historia y espero la próxima. Un gran saludo desde Venezuela.

    Ongie

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    1. Como siempre gracias Ongie.. Y sí, cuidado con los pozos, aunque no sean hogar de terrores inhumanos sí pueden tener otros peligros más comunes. Te espero para mi siguiente historia. Un abrazo!

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  2. pensé q el pobre d verdad estaba loco y q su salvación sería el psiquiátrico. Muy buen relato... He leído creo q mas d 10 d tus cuentos en estos dos o tres días, creo q 10son pocos. Estoy casi adicta :D

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    1. Jaja. Enhorabuena. Pues aún te faltan muchos. Acabo de releer este cuento y lo disfruté. Yo también llegué a pensar que estaba loco, ni porque yo lo escribí... Gracias por visitarme.

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