Bienvenidos a mi tapiz de historias de terror. Acá iré publicando las historias que vaya escribiendo, pero desde ya os advierto que no publicaré en un día concreto. Los cuentos los subiré apenas los haya terminado y considere que son dignos de ser leídos. Así que no os desesperéis, porque la desesperación lleva a la desesperanza y la desesperanza al abandono. Así que ya sabéis!

Bienvenido y a leer!

4 de noviembre de 2014

Una Llamada a Medianoche

Barry Donald soñaba con una joven universitaria que había conocido hacía poco. En el sueño la joven aceptaba sus coqueteos y respondía de manera insinuadora, cosa que no había ocurrido ni de cerca en la realidad, cuando la chica había acudido a una entrevista de trabajo. Se proponía invitarla a salir cuando el teléfono empezó a sonar. Levantó la bocina, pero no era el teléfono de la oficina, sino otro, un sonido que parecía venir de otra oficina o de un lugar ajeno al edificio. Parecía algo lejano, como algo que vibraba en la atmósfera, algo que lo llamaba, invitándolo a salir del cubículo en el que se hallaba.
Barry abrió los ojos. El sonido seguía repiqueteando en su cabeza. No, no era en su cabeza, el teléfono sobre la mesilla estaba sonando. Se pasó una mano sobre la cara intentando desperezarse un poco y cogió el teléfono. ¿Quién demonios llamaba a esa hora de la noche? Miró su reloj de pulsera antes de contestar: Eran las doce de la noche en punto. ¡Qué raro!
—¿Quién habla? —atendió.
—¡Barry! —la voz angustiada de Jenny, su cuñada, lo despabiló en un santiamén—. ¡Soy yo, Jenny?
—¿Qué sucede, querida?
Barry se sentó en el borde de la cama. Se sentía inquieto.
—Es Tommy, se encuentra mal.
—¿Quieres que llame a una ambulancia? —Que estúpida pregunta. Era obvio que su cuñada necesitaba de él, de su apoyo, no que le llamara una ambulancia, de haberla querido la habría llamado ella misma.
—Sí, bueno, no… Es que no sé qué hacer. Está como poseído, habla cosas sin sentido, y demoníacas, tengo miedo, ven por favor.
—Llego en media hora, no lo pierdas de vista.
—De acuerdo. Pero date prisa.
La conexión se cortó. Pero Barry aún oía la angustiada voz de su cuñada como un eco lejano: «Está como poseído, habla cosas sin sentido, y demoníacas, tengo miedo, ven por favor». Se puso de pie de un salto y empezó a vestirse con precipitación.
Tommy siempre había sino un crío débil y enfermizo. Era demasiado pequeño y menudo para su edad. El mes pasado había cumplido cinco años, pero parecía uno de tres, y mal alimentado, por cierto. Su estado había empeorado desde la muerte del hermano de Barry hacía un año. Padecía fiebres y calenturas a menudo y sufría convulsiones que se repetían cada vez con más frecuencia y de más duración. Pero eso de que hablara cosas incoherentes y demoníacas (a qué se refería Jenny con cosas demoníacas era algo que todavía debía preguntarle) era algo nuevo.
Después de vestirse con muchas prisas, cogió las llaves del coche y salió casi corriendo de la casa.
Jenny vivía al otro lado de la ciudad, un trayecto que siempre era largo, aún sin contar con demasiado tráfico. Su cuñada estaba asustada, aterrada diría Barry, de manera que debía darse prisa. Sacó el coche del garaje, puso en marcha el motor y aceleró a fondo, sin dejar que el motor calentara siquiera un par de segundos. Su cuñada estaba asustada y Tommy tenía problemas, era lo único que importaba.
Las calles estaban solitarias, iluminadas por la luz de las farolas públicas y por una luna llena que tenía tintes rojizos. Ver aquella luna estremeció a Barry. En una esquina vio a un indigente dormir amparado únicamente por unos cartones. Más adelante vio un par de perros rumiar en unos contenedores de basura y a un borracho que caminaba en zigzag. Aparte de él en las calles apenas había tráfico. Se topó con unos cuantos coches, de jóvenes que andaban en farra imaginó, y con algunos camiones y buses a los que no dirigió más que un vistazo. Mejor que mejor, entre menos tráfico, más luego llegaría con Jenny.
Su cuñada la había pasado mal el último año. El hermano de Barry había muerto en un accidente de tráfico el año pasado, y aunque Jenny parecía ya haber superado el trauma, estaba la cuestión de Tommy, que casi siempre sufría de alguna dolencia o enfermedad. Aún cuando la compañía de seguros le había dado una importante cantidad de dinero, Barry no envidiaba para nada su situación.
Qué bueno que él, a pesar de ser un año mayor que su fallecido hermano, aún no se había casado. Tenía treinta y cinco años, y aunque muchas veces se apoderaba de él la melancolía y añoraba tener alguien que lo abrazase durante las noches, las más de las veces se sentía bien con su situación. No se imaginaba dejando a alguien sola como sucedió con Jenny. No, las personas casadas, más si eran personas como su hermano, no deberían morir por causas externas para dejar una esposa sola y sumida en la depresión. Dios no debería permitir que pasaran cosas así. No, no debería.
Se sorprendió cuando descubrió que enfilaba el último tramo de carretera hacia la casa de Jenny. «Paciencia Jenny, ya llego». Un minuto después se detenía junto a la acera, con el corazón en un puño y un millar de preguntas y temores revoloteando en su cabeza.
La casa estaba completamente a oscuras. Los contornos de las mesas y sillones del porche eran visibles gracias a la farola que había frente a la casa, pero por lo demás, todo estaba oscuro. ¿Había ocurrido algo? El corazón de Barry cabalgaba alocadamente en su pecho. «¡No, Dios no! ¡Qué se encuentren bien!».
Corrió hacia la casa, salvó de dos pasos los escalones del porche y llamó con los nudillos.
—¡Jenny, ya estoy aquí! Soy Barry.
Silencio.
Toc, toc, toc, toc, toc.
Volvió a llamar.
—Querida, ¿me escuchas?
Nada.
Quizá había tardado demasiado y Jenny había llevado a su sobrino al hospital. Sí, eso debía haber pasado.
Llamó una tercera vez, y al no obtener respuesta recordó su teléfono celular, lo sacó del bolsillo y buscó en la agenda el número de su cuñada. Presionó “send”, temiendo que nadie le contestara.
Pero le contestaron.
—La puerta está abierta, pasa. —La conexión se cortó.
¿Había sido la voz de su cuñada? Sí, desde luego que sí. Pero era diferente, ya no sonaba asustada, sino más bien juguetona, intrigante, sensual. ¿Pero cómo podía ser? Era posible que hubiera entrado en estado de shock por lo de Tommy, puede que el ataque del niño haya tomado derroteros más inexplicables y eso la haya asustado tanto, sumiéndola en un estado de shock. Sacudió la cabeza. Estaba conjeturando sin tener un panorama claro de lo que ocurría. Primero lo primero: Averiguar si la puerta efectivamente se encontraba abierta.
Giraba lentamente del pestillo de la puerta cuando algo lo sobresaltó. Miró hacia la ventana que había al lado derecho. Los vidrios estaban cerrados y oscuros. Debía estar imaginando cosas. Había creído ver dos puntos rojos vigilándolo a través de los vidrios.
La puerta cedió con suavidad, sin emitir el más leve chirrido. Barry la abrió lo suficiente para colarse al interior y la cerró de la misma manera a sus espaldas, despacio, temeroso de hacer demasiado ruido, sin saber por qué temía hacer ruido. Tanteó en la pared durante un minuto hasta que dio con el prendedor de la luz. La sala se iluminó con el resplandor de una docena de bombillas y Barry vio que algo gris desaparecía por la puerta que llevaba a la cocina. ¿Una rata? Era factible.
Iba a gritar el nombre de Jenny para saber dónde estaba cuando vio la prenda interior frente a la puerta por la que había entrado. Al principio no la había visto por estar oscuro, pero ahora sí. ¿Qué hacía un sostén rojo justo en la entrada de la casa? ¿Es qué Jenny se había vuelto desorganizada? La curiosidad lo llevó a coger el sostén y al levantarlo vio que de la prenda caía un pequeño papel. Lo tomó y leyó:

Sigue el rastro

¿Rastro? ¿Qué rastro?
Tres simples palabras que le dieron que pensar. Por un momento llegó a imaginar que un maleante había entrado a la casa, había secuestrado a su cuñada y su sobrino, haciéndoles quién sabe qué fechorías, y ahora quería conducirlo a él hacia una trampa. Sonrió y desechó la idea inmediatamente. La letra de la nota era de Jenny, estaba seguro de ello. ¿A qué jugaba esa mujer? ¿Es que acaso se había vuelto loca? ¿Lo había despertado a mitad de la noche para un jueguecito? Si aquello resultaba ser una broma esa mujer lo iba a conocer.
Pero presentía que no era una broma. Jenny era una persona bastante adusta, poco dada a ese tipo de cosas. ¿Entonces de qué se trataba todo?
Volvió a leer la nota, tratando de descifrar algún significado. Vio el revés por si había algo más allí, pero estaba en blanco. Después contempló el sostén, de color rojo. ¿Qué demonios pensaba dejando una nota en un sostén?
De pronto una idea empezó a tomar forma en su cabeza. ¿Sería posible?
Alzó la cabeza y empezó a escudriñar la estancia, buscando el rastro que se suponía debía seguir. No se sentía muy cómodo haciendo eso, pero llegaría al fin de todo el asunto, aunque fuera por curiosidad. Había un juego de sofá, pero allí no había nada que sugiriera un rastro. Tampoco había nada en la televisión, ni en el aparato de sonido, ni en las mesitas y demás cachivaches que había en el salón.
Un escalofrío lo acosó repentinamente poniéndolo en alerta. De forma instintiva giró la cabeza hacia la puerta entreabierta de la cocina, no había nada. ¿Es que lo había imaginado de nuevo? Había tenido la sensación, casi palpable, de que algo lo vigilaba desde esa puerta, algo oscuro y anormal, algo con dos puntos rojos por ojos.
Negó con la cabeza y se dispuso a escudriñar la estancia de nuevo.
Entonces vio la continuación del rastro, no tuvo duda de ello. Estaba en el segundo escalón de las escaleras. Se trataba de un bikini, rojo igual que el sostén. Cruzó a zancadas la sala y cogió la prenda, pensando que tal vez podría haber otra nota allí. No contenía nada.  Aun así, estaba seguro de lo que sucedía. La idea que se le había ocurrido hacía un minuto había cobrado solidez.
Su cuñada trataba de seducirlo.
Y esa idea le encantó.
Jenny tenía veintisiete años, era alta y se conservaba pero que muy bien. Tenía pechos grandes y un trasero aún más grande. En los últimos meses Barry había fantaseado con llevársela a la cama y había dejado caer por aquí y por allá varias insinuaciones más que claras para una mujer de la experiencia de su cuñada. No se había atrevido a ser más directo por respeto a su fallecido hermano y porque temía la reacción de su cuñada. Ahora todo estaba claro. Sus coqueteos no habían pasado desapercibidos, sino todo lo contrario. Acarició el bikini con delicadeza, imaginando que Jenny se lo había quitado hacía poco, y lo olió. Era un olor agradable, olía a mujer, a una mujer muy cachonda. Sintió que su miembro crecía entre sus pantalones y le hacía presión en los muslos.
«Perdóname hermano —dijo mentalmente—, pero alguien tiene que atender a tú mujer».
Volvió a oler la prenda y suspiró extasiado. Si tenía razón en su teoría ese rastro sólo lo podía llevar a un sitio. «¿A qué esperas? —se apremió—. Ve por ella galán».
Haciendo caso omiso al pedacito de su conciencia que le decía que se detuviera, que analizara bien la situación, que aquella situación no era para nada normal, Barry empezó a salvar los escalones de dos en dos.
Deslumbrado por su reciente descubrimiento, Barry no sintió el escalofrío que nació de su columna vertebral y que le recorrió todo el cuerpo. Tampoco osó siquiera sospechar que los ojos rojos que creía haber visto tras los vidrios de la ventana eran reales. Ojos que, con el dueño agazapado en el sofá, lo miraban ascender, llenos de satisfacción y malevolencia.
¡La mujer había tenido razón!

Continuará…


6 comentarios:

  1. eyeyeii maestroo hee cuando publicas la sig parte manuel muero por leerla att kary

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  2. Jeje, gracias por lo de maestro, ¡qué halago! Y en cuanto a la continuación, creo que sabadito. Ya casi la termino, y después la reviso y la subo. Paciencia. Un abrazo para ambos.

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  3. Holasssssss , si yo tb estoy a la espera de la continuacion =) , por faaaaaaaaaaaa, ah ya sabs siempre te leo pero no siempre comento =).Marilu desde Peru.

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    1. Siempre he contado con ello Marilú. Mañana publico la continuación. Gracias por leer y comentar.

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  4. Nooooooo... Por favor la continuación!!!! Quede intrigadisima y algo nerviosa.... Felicidades.. Un grande!!!! Julia!!

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