Bienvenidos a mi tapiz de historias de terror. Acá iré publicando las historias que vaya escribiendo, pero desde ya os advierto que no publicaré en un día concreto. Los cuentos los subiré apenas los haya terminado y considere que son dignos de ser leídos. Así que no os desesperéis, porque la desesperación lleva a la desesperanza y la desesperanza al abandono. Así que ya sabéis!

Bienvenido y a leer!

2 de octubre de 2014

La Sombra de los Muertos (Parte Final)

“El sótano”, dos palabras que de un modo escalofriante estremecieron el corazón de Wilson. El sótano les había parecido raro desde el primer momento, allí el aire se dejaba sentir más pesado y aciago, como si una nube oscura y maligna pendiera sobre él. En esos momentos había creído que se trataba por el exceso de humedad y polvo, ahora ya no estaba tan seguro.
“El sótano”, un lugar que su esposa había limpiado con más esmero que todo lo demás, el cual, a pesar de la lavada y las varias lámparas que se habían colocado en él, tenía un aura capaz de deprimir y hacer sentir funesta a cualquier persona. Si la anciana tenía razón debía ir allí, desmontar o romper las tablas del piso y escarbar hasta dar con los cuerpos de los dos niños. Tarea que no consideraba fácil, menos exenta de peligros.
—Voy a ir allí y buscaré los restos de los infantes —aseveró.
La anciana lo escrutó con ojos legañosos y Kate soltó un pequeño chillido.
—No, es peligroso —sentenció—. Creo que mejor deberíamos llamar a la policía.
Doña Rita soltó una pequeña risita. Una risa desdentada que provocó un pequeño escalofrío en Wilson. Era la primera vez que oía reír, aunque fuera de forma leve, a la anciana.
—¿Acaso creen que yo no he llamado a esos patanes para transmitirles mis sospechas? —dijo—. Lo único que he conseguido es que me tomen como la loca del barrio.
«Idea no tan descabellada», pensó Wilson.
—¿Entonces qué podemos hacer?
—¿Creen en Dios? —la anciana respondió una pregunta con otra pregunta.
—Sí —dijo Kate.
Wilson no estaba tan seguro. Aceptar como cierta la teoría de que existía un ser omnipotente, surgido quién sabe de dónde, con la capacidad de crear un mundo y millones de seres vivientes, no era algo que su mente pudiera asimilar así de fácil. Sin embargo, un mundo surgido de la nada, con un planeta situado casualmente en un lugar idóneo para que apareciese la vida, tampoco le parecía una hipótesis muy loable. Su opinión estaba dividida, aún así respondió que sí.
—Entonces encomiéndense a él —dijo la anciana—. Lleven una Biblia, un rosario y agua bendita de ser posible. No sé si las sombras de esos muertos son cosa del Diablo, pero desde luego no están allí por voluntad de Dios.

٭٭٭٭٭٭٭
Por la mañana Wilson se sentía agotado, no había dormido siquiera una hora a pesar de que lo había intentado con esmero. Cada vez que cerraba los párpados veía una sombra que lo sujetaba con dos manos negras como un pozo sin fondo y de tacto más frío que el hielo, entonces abría los ojos para corroborar que solo había sido su imaginación. En una ocasión se obligó a hacer caso omiso de la sombra y logró dormirse, pero soñó con la sombra y la pesadilla fue tan vivida que se despertó jadeando y con el corazón a mil por hora. Después no se había atrevido siquiera a cerrar los parpados.
Kate no presentaba un aspecto mejor. Se había acostado a su lado y había aparentado dormir, pero Wilson sabía que fingía. Si lograba que las sombras dejaran de aparecerse en su casa, entonces quizá pudieran tener paz. Aunque el hecho de que no sacara la escena de su mente quizá se debía a lo reciente del episodio, pero quién sabía.
Wilson estaba decidido a ir al sótano a desenterrar lo que fuera que hubiera allí. Sin embargo no pensaba ir así como así. El problema era que no tenía nada de lo que valerse, ni herramientas, ni dinero para adquirirlas, ni Biblia o agua bendita, ni siquiera ropa para vestirse. Se encontraba inválido. Esas cosas sólo las obtendría si reunía el coraje suficiente para entrar en la casa.
Y eso fue lo que hizo. Kate se opuso rotundamente, e incluso suplicó que no fuera, que podrían conseguir lo que necesitaran por otros medios, pero Wilson ya había tomado una decisión. Incluso no podría ir al trabajo por causa de esas sombras, quizá hasta lo despidieran, aunque por un día de falta no creía que lo hicieran, aún cuando también solo había asistido una vez. Por eso debía terminar con ese asunto ese mismo día, cosa que quizá no podrían hacer si aceptaba el consejo de Kate y se ponía a buscar por otros lados lo que necesitaba para llevar a cabo aquella misión para nada deseada.
Se encomendó a Dios y entró a la casa con cautela. Las luces estaban encendidas y la escopeta de su difunto abuelo yacía tirada sobre la alfombra, era lo único que quedaba de testigo de que lo de la noche anterior había sido real. Kate lo miraba asustaba a pocos metros de la puerta, en compañía de doña Rita y su pareja de gatos.
—Parece que está todo en orden —le dijo, buscando que no se preocupara.
—Ve con cuidado —le dijo Kate.
—Y dese prisa —agregó la anciana.
Wilson asintió y penetró en la casa a paso ligero, girando el cuello mecánicamente hacia todos lados. Subió las escaleras de dos en dos, le dolían las piernas y el estómago con cada zancada pero no arrugó la cara en ningún momento. Corrió por el pasillo y entró en la habitación con el corazón golpeándole el pecho. Cogió el dinero, las tarjetas de crédito, los celulares, las llaves del coche y un poco de ropa lo más de prisa que pudo, temiendo que en cualquier momento unas manos negras y gélidas lo tomaran por la garganta.
Salió pitando de la habitación cuando creyó entrever algo moviéndose en el cuarto de baño. No estaba seguro si era una sombra o solo su imaginación, hasta que, cuando ya se hallaba en la alfombra de la sala, vio la figura con el sombrero de copa que lo observaba desde el rellano de las escaleras en el segundo piso. Corrió como alma que lleva el diablo y salió al patio sin que ninguna mano le hubiera apretado la garganta.

٭٭٭٭٭٭٭
Tras bañarse y cambiarse de ropa en casa de doña Rita, fueron a una catedral en las que les dieron una jarra de agua bendita y un rosario para cada uno. También compraron dos Biblias en una librería, Kate había insistido en acompañarlo en tan horrenda tarea, por más que Wilson se opuso no consiguió hacerla cambiar de opinión. Por último fueron a una ferretería en la que compraron palas, piquetas, uñas, martillos, serruchos y cualquier cosa que se les ocurriera podría servirles para llevar a cabo su propósito.  
 Era cerca de medio día cuando se detuvieron frente a la puerta de la casa. La anciana Rita los vio llegar desde los cristales de una ventana y salió para preguntarles si tenían todo lo que necesitaban. Después de revisar asintió satisfecha.
—Desenterrad a mis nietos para que puedan descansar —dijo— y les agradeceré eternamente.
—Haremos todo lo posible —Wilson no se atrevió a prometerle nada—. ¿Estás lista?
—No, pero entremos, podrían pasar un siglo antes de sentirme con el coraje de hacerlo.
Kate, quien era la más creyente de los dos, sujetaba con una mano su Biblia y el rosario, mientras rezaba quedamente pidiendo protección y coraje al Señor de los Cielos, mientras en la otra mano sujetaba una jarra con agua bendita. Wilson llevaba el rosario fuera de la camisa para que fuera bien visible, con su mano izquierda sujetaba una Biblia y con la diestra sujetaba la bolsa de herramientas echada sobre su espalda. A cualquiera le parecería una estampa cómica, pero de divertido no tenía nada.
Con la mano de la Biblia Wil giró el pestillo de la puerta. La sala seguía iluminada por los focos eléctricos y unas huellas opacas señalaban que no hacía mucho que unas sombras se habían paseado por allí.  
Fueron a la izquierda, atentos a cualquier movimiento o sonido extraño y entraron en la habitación en cuyo centro se hallaba la poterna que daba al sótano. La habitación se hallaba oscura, pero era debido a que no tenía ventanas. Wilson tanteó en la pared y encendió la luz. Lo primero que vieron fue la compuerta, y junto a ésta unas huellas más oscuras, como si su dueño hubiese estado allí hacía tan solo unos instantes.
—Tienes que estar atenta —susurró Wilson a Kate. Le pareció que su voz era más ronca, como si estuviera fuera de lugar. Su esposa asintió—. Levantaré la tapa, si vez que algo sale de allí arroja algo de agua bendita.
Depositó la bolsa de herramientas en el piso, puso la Biblia sobre ésta y utilizó ambas manos para tirar de la portezuela. Emitió un leve chirrido cuando se alzó. Wilson se retiró brusca e instintivamente, temiendo que la sombra surgiera por la abertura para sujetarle la garganta con manos frías como témpanos. Pero no sucedió nada. Para su tranquilidad el apagador de las luces del sótano se encontraba en esa misma habitación.
Tras encender las luces y coger de nuevo la Biblia y la bolsa de herramientas, Wilson fue el primero en iniciar el descenso. Kate lo siguió asustada, se notaba en su cara pálida y en su cuerpo tembloroso.
Allí la atmósfera era totalmente diferente. Podía sentirse el ambiente más cargado, casi sofocante y los numerosos focos que iluminaban el salón daban la sensación de no ser suficientes para someter la oscuridad. El solo hecho de estar allí logró que el corazón de Wilson aumentara el ritmo de sus palpitaciones.
El piso era de madera, curiosamente parecía en buen estado a pesar de la humedad, cosa de la que no podían presumir las paredes, las cuales a pesar de haber sido enyesadas recientemente mostraban aquí y allá manchas verdes y musgosas.
Las marcas opacas de pies grandes y pequeños adornaban el piso. Todas parecían surgir de un solo punto, el centro del sótano. Lo que buscaba debía encontrarse allí. Las huellas surgían del centro y se dirigían a las escaleras. Toda indicaba que los moradores de aquel oscuro y tétrico lugar se encontraban paseando en los pisos superiores. Ojalá así fuera.
Sin andarse con miramientos, Wilson cogió una piqueta y arremetió con fuerza contra el piso de madera.
Un grito desgarrador se escuchó allá arriba.
—¿Qué fue eso? —quiso saber Kate.
—Los moradores de éste sitio. —Wil estaba seguro de ello.
Tenía que darse prisa. La madera se había astillado allí donde la había golpeado. Volvió a dejar caer la piqueta con fuerza una y otra vez hasta que consiguió abrir brecha. Luego cogió la uña de hierro y empezó a levantar las tablas.
—¡Wil…! —la voz de Kate era la de alguien muerta de miedo—. Ahí viene.
Wilson no necesitaba saber a quién se refería. El repentino frío era suficiente heraldo de la sombra negra tocada con sombrero de copa. Se giró a tiempo de verla descender a la carrera la escalera. La sombra se detuvo el tiempo suficiente para ver a Wil con la piqueta en la mano. Después arremetió contra él.
Lo derribó al suelo e intentó sujetarle el cuello, pero extrañamente las manos se le distorsionaron como si hubiera dado contra un campo invisible. La sombra comprendió que no podría realizar la maniobra del día anterior y arremetió a puñetazos contra su vientre. Cada golpe dolía una barbaridad.
—Kate —masculló—, el agua bendita.
Unas gotas de agua salpicaron a Wil y a la sombra. La sombra se encogió y retorció, y allí donde el agua bendita lo había tocada empezaron a salir pequeños hilillos de humo. Kate volvió a salpicarlo con el agua mágica y la sombra se alejó hacia los rincones, fuera del alcance del líquido.
—¡Funciona! —dijo Wil, aliviado—. Mantenlo lejos mientras yo trabajo.
Volvió a coger la uña y se puso manos a la obra, haciendo caso omiso del dolor que la sombra le había causado. La sombra intentaba atacarlo, rugía y se retorcía ante la lluvia de agua bendita pero no se daba por vencido. Momentos más tarde también descendieron las sombras de los niños. Por un instante Wil temió que también quisieran evitar que prosiguiera con la tarea, pero las pequeñas sombras se limitaron a observar desde las escaleras.
Después de abrir un buen hueco en el piso, Wil tomó de nuevo la piqueta y se puso a escarbar. Mientras, Kate ideó mojar todo a su alrededor con el agua bendita, de modo que la sombra no podía avanzar.
Escarbó la tierra con ahínco, sin cejar ni un solo instante. Kate lo miraba con ojos preocupados, porque tenía que mantener el piso mojado y el líquido de la jarra se terminaba a pasos agigantados. Wil temía el instante que el agua bendita se les terminase.
Primero vio un trozo de tela, pardo y podrido. El corazón le dio un vuelco. Aceleró aún más su trabajo. Al cabo de un instante descubrió dos pequeños bultos, envueltos en la mista tela parda y podrida.
—¡Los hallé! —dijo.
La sombra del sombrero de copa chilló y se retorció cuando Wil tomó uno de los pequeños bultos y lo puso sobre el piso. Para sorpresa de ambos, la sombra del niño desapareció, mientras agitaba la mano en gesto de despedida. La sombra adulta chillaba y se retorcía a la vez que se diluía. Wil miró a su esposa y ésta asintió. Cogió el siguiente bulto y lo depositó junto a su compañero. La niña también empezó a diluirse, agitando la mano igual que hiciera el niño. La otra sombra chilló y se retorció durante algunos instantes más y luego también desapareció. Wil soltó un suspiro de alivio y le sonrió a su esposa.
—Lo logramos —dijo.

٭٭٭٭٭٭٭
La policía recogió los restos de dos niños desaparecidos hacía siete años y felicitó a la joven pareja de esposos por el descubrimiento. El caso se cerró definitivamente aunque en ningún momento especificaron quién había sido el asesino. Un dato curioso es que junto a los restos de los infantes también hallaron un sombrero de copa, negro, viejo y que se desintegraba al menor contacto.
Wilson volvió un día después a su trabajo y no le recriminaron nada porque hasta su oficina habían llegado los rumores de su descubrimiento realizado el día anterior. Kate logró crear el jardín que siempre había soñado e incluso empezó a trabajar en el libro que desde hacía años venía bosquejando. En la casa nunca se volvió a ver ni oír nada extraño y aquel raro y gélido frío no volvió a sentirse ni en las noches del corazón del invierno.

Fin.

4 comentarios:

  1. muy buen cuento !!!!!! espero mas como estos =).publica mas seguido .Marilu

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  2. este relato fue fascinante mmm aunq tardado muuy tardadoo ^^ pero noo importa la espera valio la penaa por fas publica otrooo asiii d buenisimo jjjjj un saludotee bsos.y abrazos ;) att kry

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  3. Jeje. Gracias, me alegra que os haya gustado. No sé si igual de buenos, o más seguido, pero por supuesto que voy a continuar subiendo historias. Seguíos paseando por el blog. Un abrazo.

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  4. Dicen q lo bueno se hace esperar, verdad? ya m estaba asustando pensé q morirían en el intento :D muy buena historia. .

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