Bienvenidos a mi tapiz de historias de terror. Acá iré publicando las historias que vaya escribiendo, pero desde ya os advierto que no publicaré en un día concreto. Los cuentos los subiré apenas los haya terminado y considere que son dignos de ser leídos. Así que no os desesperéis, porque la desesperación lleva a la desesperanza y la desesperanza al abandono. Así que ya sabéis!

Bienvenido y a leer!

10 de marzo de 2014

La Sombra de la Muerte

El mundo está lleno de eventos cuya única explicación atribuible es lo de sobrenatural, misterioso o cosa del más allá. Esto sucede porque simple y llanamente nuestra mente no logra vislumbrar una explicación lógica aplicable a tales acontecimientos. Ahora mismo podría narraros una serie de hechos que el mundo ha calificado como sobrenaturales, y que en efecto parecen serlo. Sin embargo, en esta ocasión me limitaré a contarles algo que me llamó mucho la atención, que durante muchos años ha dado vueltas en mi cabeza, y que he llegado a clasificar como uno de esos eventos sobrenaturales.
Sentado aquí en mi escritorio, mientras mi dulce esposa me prepara un café en la otra habitación, he decidido trascribir esta historia al papel.
Ahora lo acontecido:
Encontrábame recién casado con mi esposa, Jessica, cuando recibí una nota de un muy querido amigo. Este amigo no era otro que el Sr. Rómulo, un adinerado caballero de la ciudad. Rómulo era de mi misma edad, más sin embargo se las ingeniaba para parecer mucho mayor que yo, y siempre irradiaba una gran fuerza, absoluta confianza y seguridad, y no era por su dinero, de eso estoy seguro. Creo más bien que era algo intrínseco e inherente en él.
La nota era de su puño y letra, en la cual me pedía de favor que fuese a visitarlo a su casa. Últimamente se encontraba sumido en una profunda melancolía y creía que yo podría ayudarle a superarla. También me encomendaba que llevase a mi esposa para que hiciese compañía a la suya.
No era la primera vez que Rómulo me invitaba a pasar unos días en su mansión, por lo que no hallé nada raro en la nota. Lo único que me llamó la atención fue la mención de una “profunda melancolía”, mi amigo nunca había sido melancólico. De todas formas deseché esa parte al tomarla como otra de sus bromas y como un aliciente para que yo me apresurara a visitarlo.
Llegué al siguiente día a su mansión, una soberbia casa de tres plantas y que se enseñoreaba junto a un lago de aguas azules al norte de la ciudad. Fue Rómulo en persona quien salió a recibirnos. Su sonrisa de oreja a oreja confirmó mis sospechas de que lo de la “profunda melancolía” era una broma. Él mismo nos mostró la lujosa habitación que ocuparíamos y nos guió al comedor para tomar el almuerzo, ya que habíamos llegado cerca del mediodía.
Almorzamos los dos matrimonios en perfecta armonía. Charlamos sobre nuestros últimos proyectos y lo que esperábamos de ellos. Después nos fuimos a una de sus salas privadas y nos contentamos con tomarnos una copa de vino, jugar ajedrez y charlar sobre cualquier trivialidad. Fue hasta la tarde que el semblante de mi amigo mostró una desmejoría notable, era como si de pronto hubiese enfermado. Y no fue sólo el semblante, sino también su voz se volvió lenta y profunda y su talante adquirió la actitud de un hombre triste, derrotado. Algo que en absoluto iba con mi amigo.
—¿Qué es lo que te sucede? —le pregunté en cuanto empecé a notar que algo en él había cambiado.
—No sabría explicarlo —fue su respuesta—. No estoy enfermo y ningún dolor me aqueja. No obstante, me siento como si lo estuviera. No consigo tranquilidad y… siento… siento como si algo malo fuese a suceder. Y no comprendo qué, ya que todo en esta casa y en los terrenos circundantes marcha de maravilla…
No transcribiré literalmente todo lo que mi amigo me dijo, debido a que me llevaría mucho tiempo y papel. Lo único que saqué en claro de lo que habló, fue que sin motivo aparente se sentía enfermo sin estarlo, creía que algo malo estaba a punto de suceder cuando todo iba bien y se sentía inquieto sin algo a que achacarlo. Francamente, y con algo de vergüenza, le fui sincero diciéndole que no tenía idea de lo que le sucedía y que además de tratar de ser compañía afable, nada más podía hacer.
Ya era de noche cuando se puso de pie y se encaminó a la puerta para ir al baño. Fue en ese momento que la vi por primera vez, una sombra negra, era su sombra, pero no tenía sentido. En el momento que vi la sombra mi amigo le daba la espalda a la lámpara que colgaba en el centro de la estancia, por lo que su sombra se proyectaba hacia adelante, muy tenue. Sin embargo, tras él estaba la otra sombra, negra, nítida, y no tenía idea de qué podría provocarla. Parpadeé, y al abrir los ojos la negra sombra había desaparecido. Frente a él estaba la sombra que la lámpara bosquejaba, pero no era esa sombra la que me interesaba. Dejé el asunto en un simple efecto óptico.
Al siguiente día fuimos de pesca. Nos subimos a una pequeña canoa y remamos como cuando éramos chamacos hasta alcanzar un punto en el cual nos pusimos a pescar. A medio día, cuando el sol se puso justo sobre nuestras cabezas de manera que casi no proyectábamos sombras, volví a ver la sombra de la noche anterior. Era negra como el ónice y reflejaba fielmente a mi amigo, incluso su caña de pescar era perfectamente visible. Me sobresalté tanto que estuve a punto de caerme del bote. Rómulo me preguntó si me encontraba bien. Le respondí que sí. La sombra negra había desaparecido de nuevo.
Permítanme hacer una pausa. Mi esposa ha llegado con el café y me parece que merezco un sorbo. Está delicioso. Creo que le pediré que me prepare unas galletitas, mientras tanto puedo terminar de escribir el relato de mi amigo.
Prosigo.
A partir de ese día comencé a ver la sombra por doquier, siempre cerca de mí a migo por supuesto. Incluso cuando estábamos con nuestras esposas. Pero esa segunda sombra sólo la proyectaba él, nunca vi una sombra similar en su esposa ni en la mía, ni en mí mismo. Eso sólo aumentaba mi intriga y me hacía considerar seriamente si me estaba volviendo loco o definitivamente algo extraño y misterioso acontecía con mi amigo. Me planteé en muchas ocasiones confesar mis visiones a Rómulo, e incluso consideré hacerlo con mi esposa, pero el temor a que me tomaran por un demente me compelió a guardar silencio.
Tres días después de haber llegado a la mansión de mi amigo, le comuniqué que regresaría a casa. Su rostro se ensombreció y la tristeza se apoderó de él. A continuación me suplicó que me quedara unos días más. Dijo que algo malo sucedería pronto y que quería que su mejor amigo estuviera allí cuando eso ocurriera. Le interrogué respecto a lo malo que sucedería, pero me dijo que solo lo presentía y que no sabía bien que forma adoptaría. Accedí a sus ruegos y me quedé unos días más.
Los días siguientes fueron iguales a los primeros. Durante el día mi amigo se mostraba jovial y parecía la persona más feliz del mundo, pero por la tarde y la noche se volvía taciturno y melancólico. Y la sombra seguía allí, visible al parecer solamente para mí. Con el transcurso de los días llegué a habituarme a ella, ya no me sobresaltaba cuando aparecía de la nada para a continuación desaparecer de la misma manera. No obstante me seguía intrigando y me mente no dejaba de darle vueltas al asunto tratando de hallarle explicación.
La mañana del séptimo día de mi estancia en la mansión, salimos a montar a caballo. Ese día recuerdo que mi amigo se levantó apesadumbrado, tal y como se encontraba la noche anterior. No le di más vueltas al asunto y me concentré en hacer de esa mañana una mañana agradable. Y la sombra, la sombra estaba allí, sólo que esa vez no desapareció como en las ocasiones anteriores. Esa vez la sombra llegó para acompañar a mi amigo allí donde fuera. Ese hecho me causó un estremecimiento, pero habituado como estaba a ella pronto dejé de prestarle atención.
De haber sabido que era el presagio de lo inevitable, quizá hubiera tratado de hacer algo. Pero no lo sabía.
Rómulo murió una hora antes de medio día. Yo estaba con él cuando ocurrió. Lo que vi aún me deja helado cuando lo recuerdo con todos sus detalles. Cabalgábamos en medio de un bosquecillo ralo, la luz del sol calentando nuestras cabezas y una suave brisa meciéndonos los cabellos. La negra sombra seguía allí. A nuestra derecha se proyectaba la leve sombra de la que era causante el sol. En ella veíanse nuestras monturas y nosotros mismos. A la derecha de mi amigo iba la otra sombra, no montaba caballo, pero llevaba las piernas abiertas, como si montase uno invisible.
Cuando se produjo la muerte de mi amigo, la sombra se movió. ¡Sí! No estoy loco, se lo que vi. La sombra hizo un movimiento como si saltase de su montura invisible y caminó hacia el frente, se plantó frente al caballo, extrajo una especie de látigo y lo blandió contra el caballo. La montura debió ver la sombra, o percibir algo extraño, porque se encabritó endemoniadamente y tiró al suelo a mi amigo. Éste al caer se rompió el cuello, muriendo en el acto.
Díganme si no es extraño ese suceso. Desde luego que sí. Años después aún no he encontrado una explicación que dilucide la existencia de aquella sombra. Pienso que era la sombra de la muerte, o algo que presagiaba la muerte de mi amigo. Aunque no estoy seguro. Mi amigo murió y llegó a decirse que su muerte fue accidental. Incluso yo llegué a apoyar esa teoría, un accidente. Sin embargo sé que no fue así. Su muerte tuvo mucho de misterio, y la sombra negra, que jamás he vuelto a ver, mucho más.
¡Oh, miren! Justo a tiempo, allí viene mi esposa, tan linda y encantadora como siempre. En su mano un plato de galletas recién salidas del horno. Tomo una galleta y le doy una mordida cuando ¡Oh horror! ¡Horror de los horrores! Reflejando fielmente su imagen, tan negra como la noche misma, una sombra negra le guarda sus espaldas.

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