Bienvenidos a mi tapiz de historias de terror. Acá iré publicando las historias que vaya escribiendo, pero desde ya os advierto que no publicaré en un día concreto. Los cuentos los subiré apenas los haya terminado y considere que son dignos de ser leídos. Así que no os desesperéis, porque la desesperación lleva a la desesperanza y la desesperanza al abandono. Así que ya sabéis!

Bienvenido y a leer!

14 de febrero de 2014

Febrero 14

Su nombre era Nicolás. Tenía quince años, y podría decirse que era el cerebrito de la clase; siempre tenía notas sobresalientes. Vivía a las afueras del pueblo, en una casa antigua y colonial. Raras veces se le veía en el pueblo, excepto cuando iba al colegio. Nadie lo consideraba un chico atractivo, mucho menos divertido. Era bajito, delgado, de tez morena y cabello negro rizado, tan ridículamente rizado que se le pegaba al cuero cabelludo haciéndolo parecer pelo de borrego. Además de poco atractivo, era retraído y huraño.
Por eso cuando Elizabeth, la chica más hermosa de la clase, mostró interés amoroso en Nicolás, medio mundo se llevó una gran sorpresa. Elizabeth era alta, esbelta, de cabello castaño rojizo, un rostro que opacaba la luna llena y una sonrisa más brillante y seductora que un diamante. Y él; bueno, ya les conté lo que era él.
La efímera relación duró apenas quince días. ¿Lo pueden creer? ¿Quince días solamente? Yo me tomo más tiempo entre un baño y otro, no, es broma. Volviendo al tema. Durante quince días formaron una de las parejas más atípicas que se hayan visto en aquel pueblito. Ella era alta, él, chaparro; ella era una beldad, él, bueno, diré que era feo; ella sonreía todo el tiempo y a todo el mundo, él, ni a sus padres; ella era popular, él, puede que ni toda su familia lo conociera… Bueno, bueno, creo que ya estoy divagando.
El punto es que una pareja tan peculiar tendía a fuerza a llamar la atención y a levantar suspicacias. Muchos bromeaban al respecto, en especial los más jóvenes, sobre las artimañas a las que aquel nerd habría de haber recurrido para conquistar semejante muchacha. Muchos se pasaban, de veras, aunque considero que por envidia. «Debió fumarle el puro», decía uno. «Ha de haber acudido con un brujo —opinaba otro. Luego, con picardía agregaba—: hay que preguntarle con quién fue». «Quizá a heredado una gran fortuna de algún pariente lejano», agregaba otro. «Yo creo que la ha amenazado a muerte —decía otro—. Y la pobre ¡qué tanto aprecia su vida».
Lo cierto es que Nicolás y Elizabeth fueron novios por quince días. Días que fueron los más felices en la vida de Nicolás. Secretamente amaba a Elizabeth desde hacía años. Por eso, cuando la chica empezó a sonreírle, a levantarle una ceja, a mostrarle conscientemente la parte superior de sus bellas y torneadas piernas, Nicolás la amó aún más, si es que eso era posible. Envalentonado, por las claras invitaciones de la chica, Nicolás se atrevió a abordarla. Me limitaré a decir que la entrevista fue para morirse de risa, o de pena. Nicolás, deslumbrado por la celestial belleza de Elizabeth, tartamudeó como el que más. Pero, ¡hey!, sorpresa, Elizabeth ni se rió ni le dijo nada grosero, todo lo contrario, se mostró en extremo amable, incluso llegó a decirle «ternurita», «qué lindo», «tienes unos bonitos ojos». Dos días después de aquella conversación, llegaron de la mano a la escuela y declararon que eran novios.
A pesar de ser los quince días más felices de su vida, para Nicolás también fueron los de más arduo trabajo. De pronto, sin saber cómo, se encontró realizando dos tareas en lugar de una. Pero lo hizo con entusiasmo, ayudar a su novia a obtener buenas notas lo henchía de orgullo. Incluso, viendo que en aquella hermosa cabecita no se quedaba nada, se las ingenió para inventar un complicado sistema para que su novia hiciera trampa en los exámenes. No estaba de acuerdo con esto último, pero cuando estás enamorado, simplemente es imposible decirle que no a la causante de ese afecto.
Entonces fue cuando terminó la magia. Elizabeth, simple y llanamente le dijo que ya no quería ser su novia y lo botó. Asunto aclarado para todo el pueblo: no había magia, brujería, ni hechizos, ni amenazas de muerte. La joven sencillamente, por una vez en su vida, quería sacar buenas calificaciones.
¿Y Nicolás? ¡Pobre! ¡Si lo hubieran visto en los días que sucedieron!
¡Solamente quería obtener notas sobresalientes! Lo había tratado peor que a una basura. ¡Con razón nunca le había dado un beso! Por eso nunca dejó que no pasara más allá de tomarle la mano. No lo quería ¡Solamente lo utilizaba!
¿Alguno de vosotros ha sido tratado así? ¿Os imagináis lo que sufrió el pobre Nicolás? Yo sí. Yo sí sé lo que es sentirse burlado, usado, destrozado, humillado y un millón de apelativos más a los que podría recurrir. Por eso siento pena por Nicolás y lo compadezco.
Hay un dicho popular que reza que todo lo que se hace aquí en la tierra, se paga. Algunas veces creo que es cierto.
El rompimiento de la relación (y del corazón de Nicolás) tuvo lugar pocos días antes de febrero catorce, el aclamado día del amor. Nicolás había creído que tendría el mejor día de San Valentín de su vida, pero todo indicaba que sería completamente lo contrario. Lloró, por supuesto que lloró, su almohada es testigo de ello. Sus días brillosos se convirtieron en tinieblas, su sonrisa se convirtió en un rictus de dolor, y la vivacidad de sus ojos cedió paso al rencor y a la melancolía. Nadie en la escuela se atrevía a hablarle, ni para molestarle o consolarle. Sus padres fueron los únicos con el temple necesario para consolarse, pero no recibieron más que hoscas miradas y gestos iracundos. Durante días nadie lo oyó hablar, incluso hubo quien pensó que había perdido el habla por el dolor. Hasta que llegó febrero catorce.
Fue un día de San Valentín como cualquier otro, el dolor y la rabia del chico nerd parecía tener sin cuidado a sus compañeros de salón. Ese día hubo música romántica, juegos, chistes, bailes, pastel, besos y regalos, sobre todo besos y regalos. Solo Nicolás se mantuvo apartado de la algarabía general, con lágrimas en los ojos, bilis en la boca, un nudo en la garganta y un agujero en el corazón. Elizabeth por su parte, parecía ajena al sufrimiento de aquel flacucho muchachito y se divirtió, rió, participó de los bailes, juegos, chistes y besos como la que más.
Después de los regalos vinieron los poemas. ¡Oh poemas! ¡Frases que expresáis los más sublimes sentimientos del hombre! ¡Emociones hechas palabras! ¡Palabras hechas arte!
Después del bullicio original, el salón se convirtió de pronto en un sepulcro. Era posible escuchar el aleteo de una mosca, pues todos estaban muy interesados en escuchar a sus compañeros y en controlar sus nervios para cuando les llegara su turno. Uno a uno fueron pasando los alumnos. Hasta que llegó el turno de Nicolás.
Muchos creyeron que el chico se echaría a llorar. Otros, que simplemente se quedaría sentado en su silla, sin moverse ni decir nada. Hubo quien, compadeciendo al pobre Nicolás, deseó que no se moviera de su asiento porque temía que el chico no pudiera hablar a causa del nudo en su garganta. Incluso no faltó quien pensara que por fin sabría si el chico había o no perdido el habla.
Pero Nicolás se puso de pie, avanzó hacia el frente con paso tranquilo, y con calma sosegada habló:
—Este poema lo escribí anoche —dijo. Todos se interesaron, puesto que nadie de los presentes se había molestado en escribir uno, todos lo habían copiado de la red—, bajo la luz de la luna y la llama de una vela. Lo he llamado: La Condena de Elizabeth.
Todos los alumnos, incluida la profesora, abrieron los ojos como platos. Una brisa helada agitó las cortinas antes de que Nicolás, con gran elocuencia, dolor y odio a partes iguales, empezara a recitar:

Elizabeth, musa de ojos azules,
Que a los hombres enloqueces,
Cuyos sentidos embeleses,
A ti esta rima.

A mí, que el corazón has destrozado,
Evoco los fantasmas de mi pasado,
Entre ellos al demonio más avezado
Elijo para que vengue mi corazón destrozado.

El aire frío y antinatural que de pronto llenaba el salón de clases, provocó sendos escalofríos en todos los presentes. Aquellas rimas tenían algo oscuro, algo maligno, lo presentían. Sin embargo no podían dejar de oír a Nicolás.

Mi al alma no debisteis burlar,
Mi amor fue puro, sincero y digno de elogiar
Mas tu lo utilizasteis para jugar
Con sangre, dolor y llanto deberás pagar.

En este febrero catorce
Desato mis demonios para que te azoten
Ni tú más lastimero llanto hará que mi venganza ceje.

Te quiero, te amo y por eso procedo
A desatar en este febrero catorce
La venganza de un corazón destrozado.

Elizabeth, musa de ojos azules,

La última frase de Nicolás fue pronunciada con lágrimas en los ojos:

Nos vemos en el hades.

La clase estaba estupefacta. Nadie dijo nada. ¿Cómo podía ser un poema aquello?
Unos chicos empezaron a reírse nerviosamente, luego otros y otros… Pero antes de que aquello se convirtiera en una algarabía general, la puerta se cerró de un portazo y un aire más gélido que cuando se está bajo cero bañó el salón.
Lo sombra oscura y encapuchada que atravesó la puerta ya cerrada provocó el pánico en el salón. Éste se intensificó más cuando el visitante sacó dos extraños cuchillos y flotó hasta Elizabeth. La chica lloró, aulló, suplicó… pero nada ni nadie pudo evitar la sangrienta muerte que aquel ente provocó a la hermosa jovencita.
La profesora y los alumnos miraron todo, arrebujados contra la pared, con los rostros demudados por el terror. Sólo Nicolás se mantuvo quieto, con lágrimas en los ojos, pero impasible en cierto modo.
—Ya cumplí mi parte —dijo la figura encapuchada. Su voz era siseante—. Ahora mi paga.
   Nicolás asintió. Un segundo después, el cuerpo del chico cayó al piso, inerte.

7 comentarios:

  1. Gracias amigo. Espero que te sigas pasando por el blog.

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  2. eey q cuentoo me gusto mucho ya dcia yoo q esa niña no lo keria pero no se salio con la suyaa jeje att kary

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    1. Gracias por animarte a comentar Kary. Qué te puedo decir, quizá lo merecía...

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  3. Muy interesantes tus historias y originales. Saludos desde México.

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  4. Toda una tarde te leí.!
    Buenas historias!

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    1. Gracias amigo anónimo...
      Y pronto habrán más... Éxitos!

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