Bienvenidos a mi tapiz de historias de terror. Acá iré publicando las historias que vaya escribiendo, pero desde ya os advierto que no publicaré en un día concreto. Los cuentos los subiré apenas los haya terminado y considere que son dignos de ser leídos. Así que no os desesperéis, porque la desesperación lleva a la desesperanza y la desesperanza al abandono. Así que ya sabéis!

Bienvenido y a leer!

19 de septiembre de 2017

Historia por WhatsApp 27) El pozo




18 de septiembre de 2017

Historia por WhatsApp 26) Atrapados (V)




17 de septiembre de 2017

El Roedor

Timmy era el único niño de la casa Bane, tenía siete años y era amante de los animales. Pero no de la manera que muchos imaginarán. Lo que a él le atraía de estos fabulosos seres no era el alimentarlos, el cuidarlos, su fidelidad… No, a Timmy lo que le gustaba era divertirse con ellos, divertirse de una manera cruel y retorcida.

Sus padres lo sabían, era por eso que ya no le compraban los perritos y gatos que tanto pedía. A un gato, que había llamado Stan, lo dejó morir de hambre cuando tenía seis años. Lo encerró en una jaulita y no le dio de beber ni de comer por más de diez días. A Ruly, un perrito, lo envenenó. Los padres de Timmy jamás supieron de dónde sacó el veneno. También se le murió una tortuguita, un canario y otro perrito.

Al principio no sabían que era Timmy quien causaba la muerte de los pobres animalitos, pero terminaron por descubrirlo, lo que los alarmó y llevó a la madre al borde de la histeria.

―¡Oh por Dios! ―dijo en esa ocasión a su marido―. ¡Mi hijo es un psicópata! Ahora una mascota, ¿después qué?

―Es sólo un niño ―dijo el padre, persona menos dada a los arrebatos emocionales―. Seguro que tiene alguna explicación. No me digas que tú nunca hiciste alguna travesura cuando eras pequeña.

―Sí, poner algo más de picante en la comida de mi hermana, pero nunca maltratar un animal. ¡Ahora se pena el maltrato animal, Jas! ¿No te das cuenta?

―Me doy cuenta de que estás muy alterada. Descuida, no le compraremos otra mascota, fin del problema.

―Ojalá tengas razón.

Un mes después del último animal muerto, Timmy llegó a la conclusión de que los adultos de la casa no iban a sucumbir a sus suplicas, no le iban a comprar más “conejillos”, como llamaba mentalmente a sus víctimas. Eso lo sumió en una etapa de mutismo, de enclaustramiento personal. No hablaba más que para pedir otro perrito, un gato, un conejo… pensó que, si sometía a sus padres a esa condición, estos terminarían por ceder.

16 de septiembre de 2017

Historia por WhatsApp 26) (IV)




El Mago Desterrado (Capítulo 13)

Lee el capítulo anterior: CAPÍTULO 12
Día de pesca
La pesca fue abundante ese día. Peter, su sobrino de diez años, se erguía sobre su potrillo castaño con una enorme trucha bajo el brazo; la había pescado él mismo, y la abrazaba como si fuera un gatito. El resto lo cargaba él en un pequeño cesto de mimbre.

—Mamá estará contenta cuando nos vea llegar con todo este pescado —dijo Peter, sonriente.

Peter era un muchachito de cabello castaño y revuelto, tez clara y ojos azules, travieso y extrovertido, más parecido a él que a su padre. En más de una ocasión le habían preguntado si era su hijo.

—Sí. Claro que lo estará —dijo Rodny.

Aunque la verdad es que lo dudaba mucho. Marian, su cuñada, distaba mucho de ser una persona alegre, al menos en los últimos días. Y Rodny no la culpaba, había que cosiderar que apenas un mes atrás había perdido a su esposo. Y si a eso le añadías que llevaba un niño en el vientre, un niño que nacería sin padre, no era pues, sorprendente que se pasara los días meláncolica y encerrada en su habitación.

No tardaron en llegar a la calle principal de Armizas, su hogar. La calle era de tierra apelmazada y las casas que la flanqueaban de adobe y tejas la mayoría, aunque también las había de piedra, de terraza y hasta de tres plantas, pero en menor cantidad. Entraron por el lado norte, que era la dirección en la que se encontraba la Laguna Verde, dos millas atrás. Algunos de los aldeanos los saludaron con leves inclinaciones de cabeza y Peter les mostró orgulloso su presa.

A Rodny le encantaba ir de pesca, y a su sobrino todavía más. También le gustaba ir a cazar a los bosques contiguos ¿A quién no le gustaba ir a cazar? Cuando su sobrino tuviera la edad suficiente, él mismo se encargaría de enseñarle a cazar, a usar la lanza y la espada. De pronto era como si se hubiese convertido en padre.

—Papá también se hubiera alegrado —comentó Peter—. Siempre se alegraba cuando llevábamos pescado. Le gustaban asados ¿recuerdas, tío? Es una lástima que ya no esté con nosotros —agregó con nostalgia.

—Sí, es una lástima —convino Rodny—. Recuerda que los dioses saben lo que hacen. —Era una frase que utilizaban a menudo los sacerdotes y personas de mayor edad, pero en su joven boca sonó falsa y carente de sentido.

Sin embargo, el chico asintió.

8 de septiembre de 2017

El Mago Desterrado (Capítulo 12)

Lee el capítulo anterior: CAPÍTULO 11
El comienzo
Las murallas, blancas como la leche, aparecieron en el horizonte noroeste. Ser Maxwell exhaló un suspiro del más profundo y absoluto alivio, aunque apenas si tenía fuerzas para ello. Después de lo acontecido en Isla Pirata y durante la travesía, cualquier ciudad, sin importar que éstas no fueran su hogar, le parecían el paraíso, y lo que era más importante, la salvación.

—Lo logramos, Maxwell —dijo Darfor a su lado. Parecía diez años más viejo, pero la sonrisa que le iluminó el rostro representaba todo lo contrario—. Nuestra aventura sería digna de una canción.

—Cuanto estés sentado en tú trono, las canciones que hablen de ti se contarán por cientos —dijo Maxwell.

—También hablarán de ti, querido amigo —Lord Darfor le apretó un hombro con afecto—. De lo contrario no le serían fieles a la verdad.

—Muy pocas canciones son fieles a la verdad —adujo Maxwell.

Lord Darfor esbozó una pequeña sonrisa. Después fijó su vista en las murallas aún distantes de Robast. Maxwell le respondió con una sonrisa que su señor no alcanzó a ver.

El capitán Tolón, fatigado, pero con una sonrisa perenne en el rostro, permanecía tras el timón de la nave. Maxwell sabía a la perfección a qué se debía aquella sonrisa: por haber salido vivo de Isla Pirata y sus mares embravecidos y porque a partir de ese día sería un hombre muy rico. Si así lo quería, podría pasarse el resto de su vida recostado en un sillón, comiendo, bebiendo y malgastando el oro que lord Darfor le había prometido.

Lord Darfor también tenía un brillo en sus ojos que hacía años Maxwell no veía; su rey estaba feliz y lleno de esperanza. Y no sólo eso, Darfor charlaba más a menudo y las sonrisas le fluían con la misma facilidad con la que el agua fluye en los arroyos con el deshielo primaveral. Y si Darfor era feliz, Maxwell también lo era. Sonrió y juntos contemplaron las murallas agrandarse a medida que la Dar´Val seguía navegando.

Encontrar el tesoro escondido en Isla Pirata había supuesto un revulsivo en el ánimo tanto de Lord Darfor como en el suyo propio. Incluso el capitán Tolón vio todo con nuevos ojos al enterarse de la magnitud del descubrimiento. El retrato de la amplia caverna rebosante de riquezas permanecía intacto en la mente de ser Maxwell. Los montículos de dos metros de altura, brillantes a causa del oro contenido, los enormes cofres y cajones a rebozar de piedras preciosas y objetos incrustados de rubíes y esmeraldas, los cerros de plata… todo seguía en su mente como si los hubiese visto hacía un minuto. Pero de eso hacía ya un mes.
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