Bienvenidos a mi tapiz de historias de terror. Acá iré publicando las historias que vaya escribiendo, pero desde ya os advierto que no publicaré en un día concreto. Los cuentos los subiré apenas los haya terminado y considere que son dignos de ser leídos. Así que no os desesperéis, porque la desesperación lleva a la desesperanza y la desesperanza al abandono. Así que ya sabéis!

Bienvenido y a leer!

2 de marzo de 2018

Nuevo blog

Hola, hola, sólo dejo esta entrada para comunicarles que he aperturado un nuevo blog www.cuentosdeterror.es en él estaré subiendo todo lo nuevo que esté escribiendo.

En un futuro cercano eliminaré esta web, así que os recomiendo empezar a visitar la página que os estoy recomendando, pues será mi nueva imagen.

Esta página la eliminaré transcurrido un tiempo prudencial, de manera que el contenido todavía estará aquí, transcurrido algo de tiempo, antes de que lo mueva a la nueva dirección. En ella estará todo el contenido.

De modo que: os invito a visitar mi nueva web:

www.cuentosdeterror.es

Cualquier comentario es bienvenido.

27 de febrero de 2018

De vuelta en casa - Cuento corto

Era domingo el día en que Anthony se plantó frente a la casa. Acababa de bajar del autobús que tenía que tomar al volver del trabajo. No llegaba a coche, pues todavía estaba pagando la casa. Una casa que había comprado con toda la ilusión. Pronto serían las seis de la noche, pero el día era claro aún.

Tenía seis noches sin dormir en casa. La primera noche la pasó en casa de su madre, y las otras cinco en un hotel económico, pues no sabía qué decirle a su progenitora sobre los motivos que hacían que un hombre no durmiera en su propia cama. Esa noche estaba decidido a dormir en el hogar. Aunque no fuera el hogar que imaginó cuando se mudó con su joven esposa hará un par de años.

Abrió la puertecita y entró al pequeño jardín frontal. El césped presentaba un tono ligeramente amarillo y las flores de las masetas tenían pétalos marchitos, claro síntoma de que no se las cuidaba como antes. Un mes atrás eran hermosas, pero ahora…

Se acercó algunos pasos camino de la puerta. Desde la cocina le llegó un pequeño silbido. Una ráfaga de aire agitó las cortinas de la ventana y pudo ver la silueta de su esposa, afanada preparando la cena. El fuerte sentimiento que lo invadió lo atenazó como un puño y tuvo que hacer un ímprobo esfuerzo para no llorar. Era su esposa, tan joven y tan hermosa, ¡estaba allí!

Margarita asomó el rostro por la ventana. Sonreía radiante.

24 de febrero de 2018

El Mago Desterrado (Capítulo 27)

Lee el capítulo anterior: CAPÍTULO 26
A Puerto Esthír
Los reclutas de Armizas llegaron a Puerto Esthír en el penúltimo día del sexto mes. Veinte días después de haberse puesto en marcha. Cumpliendo al pie de la letra las órdenes de lord Brown.

El grupo se había puesto en marcha el noveno día del mes, algo más tarde de lo que a ser Rodny le habría gustado. Cargar las mulas y los carromatos les había hecho perder las primeras horas del día. De manera que cuando por fin se pusieron en marcha, toda la población se había reunido a ambos lados de la calzada para despedirlos entre rosas, aplausos y vítores (sin que faltase el llanto de una que otra mujer), con la intención de animarles para que marchasen con los ánimos por los cielos.

A partir de ese momento mantuvieron una marcha constante, sin descanso, deteniéndose con las últimas luces de la tarde, lo que les daba el tiempo necesario para montar el campamento, y poniéndose en marcha con la aurora.

Durante los primeros días los ánimos se mantuvieron elevados. Al tercer día la alegría inicial fue cediendo ante el cansancio y la rutina. Hacer lo mismo todos los días es algo que deprime a cualquiera. Levantar el campamento, desayunar gachas, marchar, detenerse a medio día para comer pan y queso, volver a marchar y volver a detenerse para montar el campamento y comer un pedazo de carne o pescado en salazón, pronto los tuvo hastiado.

Se levantaban cansados y se acostaban aún más cansados. Las bromas y griterío de las primeras noches comenzaron a morir en la tercera, ya nadie quería hablar, ni ver la luna ni las estrellas, ni hablar de las cosas que harían o les gustaría hacer, ni de las cosas que verían, ni de los caballeros a quienes conocerían; sólo querían dormirse temprano para tener restos de energía para afrontar otra ardua jornada de marcha. De a poco se estaban dando cuenta que la gran aventura, no tenía mucho de “gran”, especialmente los más jóvenes, quienes en un principio fueron los que más entusiasmo habían mostrado.

23 de febrero de 2018

El único inconveniente - Cuento corto

Me gusta mi vida solitaria. Tal vez sea porque toda mi vida me ha gustado la soledad. Cuando estaba en casa, prefería la soledad de mi habitación, mi viejo sillón rojo y un buen libro. A veces salía a pasear, a recorrer los jardines, sentarme a la sombra de algún árbol, siempre con un buen libro. Leer es algo que me ha encantado desde pequeña.

Por eso fue que empecé a visitar este bosque en el que ahora estoy. Hay un parque cerca de aquí, pero yo sólo iba a él para llegar al bosque. Más al oeste hay un riachuelo de agua cristalina que serpentea con gracilidad entre los troncos gruesos y frondosos, millares de animalillos bajan a beber a él y siempre es posible ver un pajarillo sobrevolándolo.

Al este hay una cordillera no muy elevada, donde el sol se levanta entre dos crestas, provocando alguno de los amaneceres más lindos del mundo. Pero, sobre todo, me gustaba venir aquí para leer. Siempre viene poca gente, de modo que podía relajarme y sumergirme en otros mundos sin temor a ser interrumpida.

20 de febrero de 2018

El maullido - Cuento corto

Habían pasado tres días desde que se perdiera Lana, la gata que tenía más pelos que piel de Andrea. Esa tercera noche lloró igual que las dos anteriores.

La gata se la había regalado su tía Lucrecia para su sexto cumpleaños, que había sido dos meses atrás. La niña había amado a Lana desde el primer día. Sus padres se quejaban mucho sobre que era mañosa y traviesa, pero Andrea creía que lo hacían con cariño.

La tercera noche tras haberse perdido, Andrea se quedó dormida después de derramar abundantes lágrimas. Estaba triste por su gatita, sólo de imaginar lo que le hubiera o pudiera estar pasando le hacía un nudo…

La despertó un maullido. «¡Lana!», pensó al instante. El maullido se repitió medio minuto después. A la pequeña no le cupo duda de que se trataba de su adorable mascota.

¡Mamá, papá, Lana volvió! gritó, dejando la cama.

Abrió la puerta y se asomó al exterior. El paisaje campestre estaba tenuemente iluminado por las estrellas. Era una noche sin luna. Buscó con los ojos a su mascota, al no verla llamó: